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Frankenstein entre bambalinas


La obra teatral “Frankenstein”, una representación mucho más fiel de la obra de Mary Shelley que las versiones que se han hecho en el cine, ocupó el Anfiteatro Pui Pinos de Alcañiz la noche del pasado sábado.
La obra, del director Gustavo Tambascio, se acercó al público por los pelos, ya que a  más de un espectador se le erizó el vello con los ingredientes más expresionistas de la obra. Uno de ellos era el actor Javier Botet, con un físico muy especial, que se encargó de dar vida a la criatura del doctor Frankenstein.
A las personas que conocemos la historia por las versiones cinematográficas nos sorprende la profundidad psicológica de la obra y, también que un actor tan joven represente el papel de doctor Frankenstein .


¿Por qué precisamente Raúl Peña interpreta al doctor Frankenstein?
Eso habrá que preguntárselo al director, que es el que decide.
La apuesta de Gustavo, es una apuesta muy fiel a la novela. En la novela toda la historia transcurre, realmente, en un periodo de años muy amplio en el que incluso se habla de la infancia del niño (Frankenstein). Entonces tenía que ser un perfil que pudiese recoger una parte más joven de la época de estudiante y una parte más madura, cuando crea a la criatura como cinco o seis años después.
Estamos acostumbrados al viejo doctor de pelos a lo loco y bastante entrado en años de las películas de La Universal, pero realmente en la novela es un chico joven de unos veinte años que, a lo largo de toda la historia llega a tener unos treinta años.

 

Habrás tenido que empaparte de la novela de Mary Shelley

Si, la novela, por supuesto me la he tenido que leer un par de veces. Es muy densa y tiene muchísima información. Realmente, luego se recoge todo eso en el espectáculo intentando ser muy fiel con prácticamente todos los pasajes que se habían omitido en el cine por una cuestión práctica, porque son pasajes más filosóficos que de acción. Entonces esa carencia de movimiento en el medio audiovisual parece que ralentiza bastante. Aquí, en el teatro, se puede hacer y requiere un poquito más de atención del espectador, porque hay momentos que son de absoluto discurso que abarca todos los ámbitos psicológicos, incluso políticos.

¿Hay alguna relación entre el doctor Frankenstein ,como creador, y el padre en la sociedad actual?
Hay muchísimas similitudes, que se han sacado de la novela. Evidentemente, la relación primera entre la criatura y el doctor es la de padre que abandona a su hijo ante el horror de esa creación y, luego, hay una parte futurista, de esa pelea, esa lucha contra la inmortalidad, ese afán de nada es imposible, todo se puede mantener eternamente, que es un pensamiento universal, actual y será eterno. En este siglo XXI, paradójicamente, se piensa mucho en eso. La gente se congela con ese fin de enmascarar el miedo a la muerte y no aceptar la mortalidad del ser humano. Todas esas cosas están en la novela. Padre e hijo, incluso un padre superior como creador que dio vida a algo que luego va a tener mortalidad: “me niego a aceptar eso, quiero que todo viva para siempre”. El gran hallazgo del personaje es que su salvación se encuentra cuando el acepta su finitud.

¿Cuáles son las principales dificultades que tienes a la hora de interpretar este personaje?
Primero, una dificultad física, porque el escenario es muy complicado. Aquí nos hemos tenido que adaptar a un espacio más pequeño, normalmente son espacios mucho más grandes. La geografía en la que transcurre tiene diez metros de altura. En algunos escenarios se nos permite trabajar en un foso, a dos o tres metros bajo tierra.
Físicamente hay un desgaste muy fuerte. Luego, psicológicamente es una tortura. La descripción de este personaje cuando Gustavo (el director ) me lo puso en la mesa es un personaje atormentado. Es un tormento que no se puede interpretar, que prácticamente tienes que padecerlo. Es bastante cansado, psicológica y físicamente.


¿De cara al espectador, la obra resulta terrorífica?
Es más terrorífica por lo que se deriva de la novela, que en el hecho de que hagamos un monstruo que de miedo. No es una criatura que de miedo. Es una criatura que inspira compasión en su primera etapa y que en su segunda etapa inspira todo lo contrario. Es como alguien salvaje que se ha criado en las montañas pero que razona, piensa y es sensible. Lo que asusta es que las manos de una persona puedan originar la vida a partir de partes muertas. Si alguien recapacita sobre lo que estamos contando puede ver un poquito de terror. Si no te quedas en la anécdota.


 

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