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Manuel Valencia: diseñador de las alfombras de serrín de Aguaviva

La parte para todos real de los milagros, la que puede ser vista y tocada sin que parezca increíble, la que se deja fotografiar, lleva mucho trabajo. Y es en esta parte laboriosa donde ángeles, vírgenes o santos no suelen participar. Lo bueno que tuvieron los milagros es que la gente que los recuerda realiza para conmemorarlos actividades de lo más llamativas. Es el caso de las alfombras de serrín coloreado que cubren las calles de Aguaviva todos los años para el día de San Agustín. La iglesia de la población se quemó en el siglo XV y unos pocos días después los vecinos se percataron de que lo único que se había salvado de las llamas eran las hostias del sagrario. Recordando este santísimo misterio, las obleas se pasean en procesión por las efímeras alfombras de llamativos diseños. Todo el pueblo participa en el alfombrado de las calles, pero sólo hay un diseñador, que lleva ¿cuánto tiempo dedicado a esta labor?

Pues veintiún años. Es el veintiún año de las alfombras de serrín.

¿Cómo te adentraste en el mundo del diseño con serrín?
Cuando se formó el centro cultural Caliu, nos propusieron a unos cuantos amigos el hacer lo de las alfombras. Fuimos preguntando como se hacían anteriormente, pues hacía casi treinta años que no se realizaban o más. Antes se hacían con hojas de chopo y un poco de serrín teñido y un día vino un temporal de aire y cuando salió la procesión no había nada y se dejó de hacer. Al cabo de unos treinta años, digo yo, más o menos, o cuarenta, al formarse la asociación cultural Caliu, hace veintiún años, quisieron retomar esto. Nos lo propusieron y nos asustamos, porque no creíamos que iba a colaborar todo el pueblo en poner las alfombras. Y, en fin, fue un éxito. Yo cada año lo complico un poco más, hago el año internacional del año que sea. El año pasado se dedicó a la tradición de veinte años de alfombras recuperadas, las que la gente votó más, se escogieron. Y este año lo he dedicado todo a las civilizaciones: la azteca, la maya, la inca, están en una calle. En otra está la hindú, en otra la íbera, en otra está la china, la africana, la árabe… en fin, tenemos todas las culturas más importantes.

¿Cómo se realiza una alfombra desde la elección del tema?
Yo vivo en Barcelona y tengo todo el año para ir pensando qué alfombras se van a hacer. Decido cuál voy a hacer y cuando vengo aquí (Aguaviva) traigo unos álbumes, uno para cada uno de los que colaboran conmigo y otro para el centro cultural Caliu.


Las alfombras se cortan en cartón a tamaño natural. Dos metros de la anchura de las calles o hasta ocho metros. Por ejemplo este año, en la calle San Miguel, yo creo que serán siete u ocho metros lo que ocupará de anchura, porque ahí van las pirámides de Egipto. En la plaza van unos cinco metros, ahí meto el Taj Majal. Luego está la Dama de Elche junto a un altar. Todas las alfombras que van en color las he dibujado también en blanco y negro para pasarlas con el ordenador a la medida que se indica. Se pasan al cartón y, luego, con sierras de calar mecánicas se va cortando el cartón. Yo antes pongo una señal para indicar dónde hay que cortar y dónde hay que dejar un espacio para que la gente pueda marcar bien la alfombra y no se rompa el cartón. Esto se hace durante todo el mes. Acabamos de hacerlo la semana pasada, a finales.

Luego teñimos el serrín, con dos hormigoneras, usamos unas dos toneladas de serrín. Eso, posiblemente sea lo más complicado porque usamos mucha cantidad de serrín. Se tiñe, se pone sobre unos cañizos y se deja que chorree el agua, pero que quede unido. El día posterior por la tarde se recoge en sacos y hay que hacer un nuevo cálculo. Si se han calculado, por ejemplo, diez sacos para una calle de rojo es cuestión de dar unos sacos de más a cada sitio. Se distribuyen sacos por cada calle y luego a la noche, se distribuyen a eso de las nueve los cartones para que los responsables de cada calle, que son normalmente niños y personas del centro cultural Caliu, pongan los cartones en el sitio que tienen que ir, los repasen con escayola y pongan el nombre del color que llevan. No obstante, hay una idea muy buena de unos amigos que me ayudan, que hacen una especie de escapularios de cada calle con el color y los llevan colgando y así no hace falta que me pregunten a mí qué color va, que no lo ven claro y tal. De esta manera va mucho mejor.



¿Alrededor de cuánta gente participa en la elaboración de las alfombras?
Todo el pueblo. Si no esto sería imposible de hacer. Se empieza a las siete de la mañana, cuando pasan los tambores a despertar a todo el mundo y, a las ocho ya ves a todos poniendo con pozales los colores que marca. Lo curioso es que yo voy dando vueltas. La primera vuelta ves a la gente iniciando el proceso, a la segunda vuelta ya lo ves todo muy avanzado y a la tercera vuelta que doy, ya casi está acabado. Me quedo asombrado. Si empiezo a las ocho, a las once y media, prácticamente, ya está todo terminado. A la una o una y media pasa la procesión y se acabó. Por ahora no ha llovido nunca en San Agustín, porque se hace el día de San Agustín, caiga cuando caiga, lunes, ahora cae en sábado, que será un día muy bueno, si hace buen tiempo, claro. Esperemos que sí. Y nada, se pasa y el milagro es ese, que se acaben tan pronto las alfombras.
El hecho es que se quemó la iglesia en el 1475 y se salvaron las hostias, los corporales, y entonces los dejan sacar en procesión fuera del Corpus, y de ahí viene lo de las alfombras del santísimo misterio que llaman, etc.



¿Sabes por qué precisamente se hacen alfombras para conmemorar este hecho?
No, que lo hayan complicado más, ya no sé a qué se debe.


¿Introducís novedades con el paso del tiempo?
Sí, se introducen muchas. Se empezó con unas varillas de hierro y unas tizas para marcar los laterales de las calles. Luego alguien dijo “¿por qué no usamos la máquina que se pasa por el campo de fútbol”. Eso fue genial, ya te deja la marca perfecta. Antes el color era muy débil, ahora lo hacemos más fuerte. Usamos los escapularios puestos en cada calle para que la gente vea el color y no me tenga que preguntar. Yo al principio cogía hasta úlcera, porque antes me decían “es que el color no lo vemos” y ahora lo ven muy bien con los escapularios.



¿Qué sientes cuando la procesión pisa las alfombras y todo el trabajo de mucho tiempo se emborrona?
Me parece perfecto. Me fastidiaría que lloviera y no se pudieran hacer. Lo efímero es bonito porque se ha conseguido y ya está.

 

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