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La joven accidentada en la zona del derrumbe cuenta lo que pasó
Escrito por Violeta Amada   
Viernes, 15 de Junio de 2018 00:00

La joven inglesa que sufrió un grave accidente la madrugada del 20 de mayo en la zona donde se produjo el derrumbe del cerro Pui Pinos ha contado a Bajo Aragón Digital lo que le ocurrió.

Se recupera en casa, en Alcañiz, de sus cinco costillas rotas y de los riñones dañados, después de haber estado ingresada en los hospitales de Zarazoga y Alcañiz.

Cuenta que esa noche estaba con unos amigos en la Fiesta de la Cerveza, organizada por el Ayuntamiento en El Cuartelillo, a escasos metros de donde se originó el derrumbe del cerro. La fiesta se hizo allí pese a no haber medidas de seguridad que impidiesen el paso a los transeúntes o ningún cartel que alertase del peligro en esa zona.

Sobre las doce de la noche, lloviendo mucho, decidió irse a casa y buscó un camino de vuelta por un lugar que no había transitado antes, los paseos del cerro Pui Pinos.

Justo antes de llegar a la pendiente del derrumbe tan sólo había una valla completamente abierta, por la que tanto ese día como otros, paseaban vecinos y turistas e incluso jugaban niños.

Ella llegó sin ningún problema a esa zona, oscura, con lluvia y barro, resbaló y cayó por la larga pendiente que termina en la carretera del Corcho, donde estaban las viviendas que destruyó el derrumbe y donde quedan otras dañadas, una de ellas completamente abierta.

Se frenó a mitad de la pendiente y, asustada y dolorida, envió un mensaje con su ubicación (a las 00:36) a un compañero de trabajo para que fuese a buscarla. No lo localizó y después, debió seguir cayendo, ya que lo siguiente que recuerda es que, a pesar del fuerte dolor que sentía, logró ponerse en pie y se descubrió dentro de un garaje, el de la vivienda deshabitada afectada por el derrumbe que está abierta.

Se acercó a la puerta que da a la carretera de El Corcho y la golpeó pidiendo auxilio en inglés (apenas habla español).

Sobre la 1:20 h. acudió la policía. Ella estaba embarrada de pies a cabeza y con rasguños. Cuenta que, pese a pedirles ayuda y decirles que estaba dolorida, la esposaron.

Indica que los agentes le insistían en que les explicase cómo había llegado hasta allí. Pero ella no recordaba la caída.

Una patrulla de la Guardia Civil la llevó al Cuartel y allí estuvo de interrogatorio hasta alrededor de las tres de la madrugada, cuando llamó a su compañero de trabajo y éste fue a recogerla.

No fue trasladada al hospital ni se llamó a sanitarios. Cuenta que lo único que le dijeron al respecto los agentes fue que si quería ir al hospital para que le hiciesen un test de drogas, debido a los problemas que sufría de memoria. Ella, indica, dijo que no necesitaba un test, pues no las había consumido.

Esa noche, después del accidente, el dolor y los interrogatorios, se encontraba muy aturdida y asustada y decidió ir a casa. Al no verse en su cuerpo nada más que los rasguños, pese al dolor, no creyó que su situación fuese grave.

Pero los síntomas de que estaba herida de gravedad fueron visibles por la mañana. Su compañero de trabajo la llevó al hospital de Alcañiz, desde donde fue trasladada a un hospital de Zaragoza, teniendo que ser ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos.

 

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