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Alcañiz. El hospital ideal debería liberarse de la política
Miércoles, 28 de Noviembre de 2018 01:00

La conferencia sobre la historia del hospital de Alcañiz, dentro del Curso Interdisciplinar de Humanidades, estuvo llena de curiosidades sobre este centro y otros cuidados en la ciudad desde su comienzo en 1418 hasta el siglo XIX, además de aportar ideas para determinar cómo debería ser el centro ideal.

Participaron en ella Rosa Blasco, médico y escritora autora de una tesis, precisamente, sobre la historia del hospital de Alcañiz, Eduardo Bajador,  Jefe del Servicio  de Aparato Digestivo del Hospital Miguel Servet y profesor en la Facultad de Medicina de Zaragoza y José Antonio Oliván, médico neurólogo del Hospital de Alcañiz.

Blasco dijo que se desconoce el lugar exacto donde se construyó el primer hospital general de Alcañiz, pero podría haber sido la plaza del Deán.

Comenzó  a funcionar en el siglo XV. Un día un rayo provocó que explotase un arsenal y se destruyó parte de la ciudad, incluido el hospital. Hubo muchos heridos y el Ayuntamiento decidió ubicarlo donde ahora se encuentra la asociación El Cachirulo. Allí estuvo 4 años, hasta que se decidió trasladarlo al convento de San Francisco, de titularidad municipal, en el lugar donde se encuentra el actual centro. Allí permaneció hasta ahora, con las correspondientes reformas.

Hasta finales del siglo XIX no había lugar de asilo de personas que no tenían a nadie que las cuidase, así que se dedicó una parte del hospital a acogerlas. En ese siglo se hicieron cargo del hospital religiosas, como las hermanas de Santa Ana, y fue también un centro militar durante las guerras carlistas.

El hospital se sufragaba con limosnas y fondos municipales. Con las leyes desamortizadoras se obligó a vender bienes inmuebles municipales para invertirlos en deuda del Estado. Esto benefició al hospital y también el hecho de que pasase a ser hospital comarcal, lo que permitió que recibiese más fondos de otras administraciones públicas.

Curiosamente, dijo Rosa Blasco, no se servían ni frutas ni verduras ni agua, solo vino para beber.

Entre los pacientes predominaban los solteros y en edades maduras, habiendo también ancianos y muy pocos niños. La mayoría eran jornaleros o labradores y había un gran porcentaje de personas registradas por su oficio como “pobres”. La mitad de estos “pobres” eran “viudas”, pues no existía la pensión por viudedad.

Entre  a las causas de mortalidad, que crecía en invierno, estaban la tuberculosis y la gastroenteritis. Rosa destacó que la gente antes moría de ambas enfermedades y la falta de frigorífico era un factor determinante de la mortalidad. También fallecían de cáncer.

Soldados de Cuba y Filipinas se atendieron en el hospital de Alcañiz. Los más graves iban a las ciudades de puerto y los menos leves a hospitales de interior, como fue el caso del alcañizano.

José Antonio Oliván expuso otra de las curiosidades del hospital alcañizano: que no tiene nombre.

Para Oliván, el hospital de Alcañiz tiene muy buena tecnología pero le faltan espacios: para reflexionar, ejercer la medicina, convalecer y morir, además de para dar más servicios. El mejor hospital, consideró, “es la casa de uno mismo” y al respecto habló del servicio que actualmente se ofrece de hospitalización domiciliaria con la que se atendió a 400 pacientes el año pasado.

Eduardo Bajador habló sobre “el hospital del futuro”. Coincidió con Oliván en el que el trato del médico con el paciente debería ser cercano, que no haya cambios de médicos, que se respete la intimidad del paciente respecto a la información que sobre él se da a la familia.

Actualmente dijo Bajador, hay enfermedades que antes no eran tan habituales, como el cáncer de páncreas. Hay otras novedades como la llegada de inmigrantes a los que hay que atender y a la que hay que dar respuestas o el hecho de que cualquier persona puede leer sobre enfermedades en internet. Además, dijo también hay que dar “mejores respuestas” a las necesidades de los ancianos a los que su familia no puede atender por el actual modo de vida.

El modelo  hospitalario del siglo XXI, indicó Bajador, debería construirse requiere un cambio de enfoque. Los pacientes van cambiando de unidades desde el diagnóstico hasta el tratamiento de su enfermedad, cuando eso genera incomodidades y pérdidas de tiempo. En parte, dijo, se ha logrado desarrollar una mejor organización, lo que supone que hay enfermedades que se diagnostican en fases menos graves que sin ella.

Para el hospital ideal, los gestores, consideró, deberían tener independencia del poder político. Cuando cambian los partidos políticos en el Gobierno, dijo, cambian a los gestores y esto es un problema, con el añadido de que el gestor “colocado” puede actuar de manera poco profesional para garantizar su puesto. En todo caso, dijo, deben ser profesionales y dejarse aconsejar por profesionales.

Los partidos políticos, consideró, “son incapaces de dejar la ideología”, por lo que la sociedad debería implicarse para lograr decisiones con sensatez y responsabilidad.

 

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