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Gonzalo Villa
Miércoles, 22 de Noviembre de 2017 00:00

Diáspora

Oligopolio.- Si alguno sube los precios, los demás no le seguirán. Si alguno baja los precios, los demás los bajarán también.

Aquellas cortadores de cabezas, que ofrecían puestos para ambiciosos esforzados con méritos, pero sin padrinos, y en realidad lo que buscaban era colocar en el puesto fijo a protegidos. Y cuando volvía fracasado al que habían dorado la píldora, ay, el que fue a Sevilla, perdió su silla.

Cierto es que los votantes independistas catalanes, como todos los votantes impulsivos condenados a ser mano de obra esclava, se enardecen proclamando y manifestándose dispuestos a luchar por la república catalana, independiente.

Escuchan la tele, ven diarios, hasta acuden a reuniones con otros soldados por la libertad, dónde no hay más que parados y funcionarias exaltadas.

Pero mientras estas gentes están dispuestas a arriesgar la vida en guerra abierta, las autoridades que roban y esconden la mano, ya han anticipado todos los escenarios posibles, para sacar tajada en cualquiera de ellos.

Y esa masa de idealistas, verá que gran parte de ellos, y muchos, familiares y cercanos, para que no les quepa duda, perderán sus empleos, para no recuperarlos jamás. Verán en suma deteriorarse su calidad de vida, individual y colectiva.

Mientras, los mandados, sin repartir ni un céntimo con sus votantes y seres inferiores, a lo Salvatore Riina.

De modo que los dos millones, ignorantes de tanto, y tan proclives a dejarse mangonear, terminarán por ver a quienes les azuzaron, como trileros que les mostraban a sus ojos codiciosos y catetos, mucho que ganar fácilmente, o con mucha dificultad si se empeñan, para al fin robarles.

De este modo, las independentistas de alma, corazón y vida, se sabrán traicionados una vez más, por quienes decían ser los suyos. Otra vez el toco mocho actualizado, el timo de la estampita, ahora estrellada.

Y sabrán esta generación, que la traición, la candidez y odiar a desconocidos, siempre será utilizada contra sus codiciosas majestades de vocabulario escaso. Y que mientras no eduquen a sus proles esta gran lección, y sí en la exaltación en pos de enriquecerse a costa de otros, seguirán siendo esclavas y esclavos, conducidos al degolladero económico, para regocijo de sus representantes, que no les sentarían a sus mesas, ni para echarles las sobras en el suelo.

Y ante la frustración, tal vez piensen en el pueblo judío, que construyó su territorio, ganándose complicidades en el resto del mundo. O tal vez se contenten como el pueblo de Asgard, que después del Ragnarok, se consuelan diciendo que Asgard no es un lugar.

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