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José Luis Pueyo
Miércoles, 24 de Enero de 2018 00:00

Cacas y desperdicios

No sé cómo les sentará la nueva idea de Manuela Carmena de crear un registro con el ADN de los perros, a los que siempre les sientan mal sus ideas. A mi esta nueva ocurrencia me ha parecido plausible, y mira que tengo perro, perra en este caso.

Y es que cuando correteaba el primero de enero por la ribera del Guadalope acompañado por mi Lili y me congratulaba por el magnífico paseo que había dejado nuestro Ayuntamiento, me topé con un par de cacas de perro en mitad de la senda y pensé “qué lamentable que los dueños de los perros...” y mientras un cabreo interno me iba reconcomiendo, Lili se detuvo en su trotar y decidió que justo en mitad del camino era un buen lugar para dejar una bonita ofrenda al nuevo año... Se me quedó mirando sonriente, con un gesto como de orgullo ante tan magnífica escultura, y me acordé de mi mismo tan solo unos segundos antes maldiciendo a los dueños de los perros que... Lo limpié, claro, y reconocí que es más “cómodo” dejar ahí el zurullo que detenerse unos instantes a limpiarlo. Pero es evidente que dejar eso ahí dice muy poco en favor del dueño del perro. Así que como decía, aplaudo la iniciativa de Manuela.

Tan solo añadir, ya que estamos hablando de civismo, que yo ampliaría la iniciativa del ADN a las personas también. Que nos recojan una muestra de ADN a todos, y que cada vez que se encuentre basura tirada en lugares públicos (¿eso pasa alguna vez?), se analicen los restos a ver si es posible identificar al cochino en cuestión. ¿O es que los únicos cerdos aquí son los dueños de los perros?


 

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