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Cristina Marín

El Monasterio de Rueda. Una crónica vital

Este fin de semana se ha reabierto, por fin, el monasterio de Rueda después de más de dos años cerrado. Es una excelente noticia, aunque incompleta. Las visitas habrán de ser siempre guiadas. Se anula el disfrute individual y personal de esas piedras. Y personalmente, lo siento.
Rueda, junto con la Colegiata de Caspe y los mausoleos de Miralpeix, Fabara y Chiprana, supuso mi bautismo en esto de la petrología aplicada a restauración, allá por los apenas iniciados noventa, cuando no estaba ni siquiera el barco en la iglesia. Luego seguiría de una manera u otra vinculada a casi todos aquellos monumentos “iniciáticos”. Sin embargo, con Rueda se establecería una relación muy personal.

Al continuar con mi labor investigadora quise que mi inacabada tesis doctoral versara sobre la afección de la contaminación de la Central Térmica de Escatrón entre 1952 y 1987 sobre la piedra arenisca. Cuando estaba a punto de entregar el informe final de un importante proyecto de investigación, alguien había hecho unas excavaciones arqueológicas en el Scriptorium que me descuadraban por completo mis hipótesis. Conseguí localizar a aquel arqueólogo y año y medio después nos casábamos en el refectorio del monasterio aun sin restaurar -el llaut, que iba a estar en la iglesia por una exposición temporal seguía allí, y continuó varios años más- en la que creo que fue la primera boda de la historia del monasterio. Luego vendrían muchas más pero aquella tuvo un puntito heroico que no hubiera sido posible sin el apoyo de un buen grupo de personas, entre las que quiero destacar a Bautista Antorán.

De aquellos diez años de matrimonio nacieron dos hijos, una de las cuales se recorrió de arriba abajo el monasterio en mi panza el día de la inauguración en abril de 2003. No solo colaboramos activamente en la restauración del monumento desde distintos puntos de vista, sino que además preparamos las visitas y formamos a las guías que las iniciaron. Y aquel primer día vino todo el mundo a visitar Rueda, como si no fuera a haber un mañana. Y tuvimos que ponernos nosotros también a llevar grupos haciendo el recorrido.

Y más y más cosas. He seguido colaborando, en la restauración de la noria, he organizado visitas con grupos escolares y he vuelto siempre que he podido. Y lo he seguido amando.

Me congratulo de esta reapertura. Solo pido que nos dejen disfrutar a solas de nuestras pequeñas historias con el monasterio.

Geóloga, especialista en restauración de monumentos.

 

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