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Joaquín Galindo

Desprendimiento cerro Pui Pinos:

Dilaciones indebidas, gastos de urgente necesidad ciudadana y gastos caprichosos consentidos por el equipo de Gobierno


Hace unos días nuestro alcalde fue preguntado por el deslizamiento del Cerro Pui Pinos, y contestaba que había encargado al servicio de arquitectura municipal que le preparara una propuesta de gasto para la estabilización del talud del Cerro Pui Pinos por cuanto, al parecer, hay vecinos que quieren iniciar obras en la zona. Para los concejales de Alcañiz, nos resulta conocido que la Alcaldía-Presidencia de la Ciudad no tiene empacho en, lejos de asumir sus propias responsabilidades, desviar el tanto de culpa hacia cualquier empleado municipal, lo cual, aparte de ser injusto de todo punto, con mucha frecuencia, es falso. En el caso concreto que nos ocupa, los afectados se quejan, con razón, de falta de información, de encontrarse indefensos, cuando no ignorados por la autoridad municipal. Aún más, han tenido que oírse que, a resultas del desprendimiento, se van a lucrar con la desgracia, cosa que evidentemente les indigna. Pese a ello, reviste mayor gravedad, que el servicio urbanístico de la Ciudad, ha advertido de manera reiterada, desde hace meses, de la necesidad de encargar un proyecto técnico que explicite la ejecución de las obras necesarias para asegurar la estabilidad del cerro. Leo en la prensa provincial, un titular que señala que se ha desprendido una roca, de unos quinientos kilógramos de peso, sobre la acera de la Ronda de Teruel. La Alcaldía sabe, o debe saber, que el pliego de prescripciones técnicas para contratar la redacción del citado proyecto técnico, se encuentra a su disposición desde hace un tiempo más que prudencial, y que su coste no suma ni un euro más que nueve meses del contrato para la prestación de servicios, de un periodista ajeno a la plantilla municipal, lo que a mi juicio constituye un gasto totalmente superfluo para la ciudadanía, pues ya contamos con otro empleado público, técnico de prensa. Sobrepasar doscientos kilómetros por hora con un vehículo de motor, en una carretera nacional, en ocasiones puede ser temerario. Dejar de mirar al Cerro Pui Pinos o hacer oídos sordos a las quejas de los afectados, por la máxima autoridad municipal, no sólo puede ser grave para dicha autoridad, sino para cualquier otra que, a sabiendas, no hiciere lo necesario para evitar otro siniestro. No se trata de alarmar a nadie. Todo lo contrario; uno no tiene los conocimientos técnicos precisos. Ahora bien, quede aquí escrita mi exculpación. Y que cuando lleguen las lluvias, cuando caiga la noche, todos, concejales y vecinos afectados, podamos dormir tranquilos en nuestras casas.   

 

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