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Jesús Moreda

El papel de la mujer

 

A los políticos se les desborda la boca cuando hablan sobre la igualdad y el incentivo de la mujer pero, a la hora de llevarla a cabo, no predican con el ejemplo ¿Cuántos partidos están liderados por una mujer? A nivel nacional, ninguno. ¿En cuántas autonomías gobierna una mujer? De las diecisiete, en cuatro: Andalucía, Baleares, Madrid y Navarra. Y si miramos al pasado, muy pocas lo han sido. Entre los once Presidentes del Congreso de los Diputados del último periodo democrático, únicamente figuran dos mujeres y solo una ha presidido el Senado y, cosa curiosa, las tres pertenecen a una formación tachada de machista. Recientemente, un partido ha rechazado al candidato presentado por el Gobierno para la Vicepresidencia del Banco Europeo con la contundente argumentación de que es hombre y ello constituye un insulto para las mujeres que suponen más de la mitad de la población pero hace unos pocos meses, eligió a un hombre para dirigirlo y no a una mujer y ahora, veta a otra para presidir su grupo en el Parlamento Europeo.

Es cierto que hay que promover y alcanzar la verdadera y efectiva igualdad entre hombres y mujeres pero también lo es que se debe escoger a las personas por su capacidad y su valía no en razón de su sexo, ideología, raza u otra condición que pueda contribuir a cualquier tipo de discriminación.

Designar a una persona -sea hombre o mujer- para un puesto público por una de estas circunstancias supone rebajarla al papel de florero, pues ha sido apostada ahí no por su competencia sino como un adorno de cara a la galería. Conseguir esa igualdad es una tarea que comienza en la infancia con la educación en la propia familia. Es ahí donde esos principios deben empezar a inculcarse y, sobre todo, ser vividos y reafirmados con el ejemplo. De lo contrario, es como regar un tronco seco. Ya escribió Simone de Beauvoir que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”

 

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