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José Luis Pueyo
Viernes, 23 de Febrero de 2018 01:00

Tradiciones de siempre

Ya estamos en cuaresma. El aroma de nuestra tradición más querida ya se empieza a respirar en el ambiente. El miércoles de ceniza despertó a algunos de nuestros tambores dormidos en sus cajas durante un año y la plaza de España de Alcañiz retumbó una vez más con esos añejos toques que todos conocemos y añoramos cuando no suenan. ¡Oh, los tambores, algo tan nuestro, tan genuino, tan singular, tan único...!

Pero resulta que en el pasado festival de Jazz de Zaragoza, estuve en el concierto de Benny Golson y escuché un tema que me gustó (entre otros muchos) y pensé que molaría tocarlo con mi grupo. Se trataba de “Blues March”. Así que ya en casa recurrí a Youtube para ver si encontraba una versión con la cual practicar y sí, la encontré. Art Blakey and the Jazz Messengers, grabación del 1958. Y cuál fue mi sorpresa al escuchar el inicio de esta versión: (dejo ahí el enlace para que se entienda lo que quiero decir)

https://www.youtube.com/watch?v=sOES7AZ-d60

Sí, así es, se trata de uno de nuestros toques de nuestros tambores de Semana Santa. Prácticamente “clavao”. Curioso, ¿eh?

En realidad se trata de un toque tipo marcha militar. La mayoría de las marchas tienen su origen en las bandas militares, y luego acaban popularizándose por bandas de música que no tienen porque ser militares. Indagando un poco más en lo que cuentan sobre “Blues March”, ponen el origen de ese estilo de temas en las “Brass Band” de Nueva Orleans de principios del siglo XX, las cuales lo adoptaron a su vez de toques militares.

Si alguno que está leyendo este artículo ha terminado por escuchar todo el tema, se habrá percatado de que bien poco tiene que ver con la pasión de cristo ni nada que se le parezca. Este tipo de marchas de las “brass band” son temas festivos, alegres, que se pueden escuchar por ejemplo en los innumerables desfiles de carnaval de Nueva Orleans (y seguro que en cualquier ciudad donde las “brass band” sean populares, y no solo durante el carnaval).

Pues sí, es curioso, ese soniquete de los tambores tan arraigado en nuestros corazones que nos hace sentir tan especiales y tan orgullosos de nuestras raíces, y que pretende invitar al recogimiento espiritual acompañando la pasión de cristo, resulta que durante decenios ha servido bien para acompañar a los soldados a la muerte (digo, al combate), o bien para alegrar el espíritu de las gentes durante las fiestas en lugares distantes miles de kilómetros de nuestro pueblo...



 

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