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Cristina Marín

Siempre, el agua

Cuando miramos un edificio no solo estamos viendo su valor artístico o su belleza. Vemos también sus piedras. Vemos la Geología de su entorno. No podemos comprender la arquitectura sin el territorio. Arte y Naturaleza han establecido, desde el inicio de los tiempos hasta esta era postindustrial, un diálogo permanente. Y así, salvo excepciones, la arquitectura tradicional ha tomado del medio más inmediato, por razones de economía y de transporte, los materiales necesarios para erigir sus obras. Pero además la Geología también ha condicionado la ubicación, y, obviamente, cimentación de los edificios. Y también sus riesgos, como vimos no hace mucho en Alcañiz con Pui Pinos... No podemos, pues pretender aproximarnos al conocimiento de un monumento sin conocer su Geología.

La del Bajo Aragón, en sentido amplio, es variopinta en cuanto a litología, edad y origen. Desde los materiales cretácicos de la zona más al Sur, en los aledaños del Maestrazgo, hasta los yesos de la zona más al norte, el pleno valle del Ebro, pasando por los paleorrelieves de arenisca del terciario continental. Sin embargo, todos estos materiales, han estado relacionados, de una u otra manera, en su origen, con el agua, siempre el agua.

Tenemos carbonatos formados directamente bajo el agua a partir de caparazones calcáreos de los habitantes de un mar caprichoso, cuya línea de playa se iba desplazando con el tiempo, originando otros materiales arenosos en los que la exuberante vegetación se convertiría, unos millones de años más tarde, en el carbón cuya explotación ha dado nombre a toda una comarca (y cuyo futuro en relación con este material lo pintan tan negro como él mismo).

Pasado el tiempo, extinciones masivas y orogenias, el ambiente fue netamente continental, con inmensas arroyadas que arrancaban y transportaban los materiales recién emergidos, y así se fueron formando los cordones de arenisca que tenemos a nuestro alrededor. Esos cursos fluviales no desembocaban en un mar abierto, sino en una inmensa laguna salada, cuya paulatina y cíclica evaporación dio lugar a los excepcionales yacimientos de alabastro que dan fama mundial al Bajo Aragón.

Geóloga, especialista en restauración de monumentos.

 

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