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Cristina Marín

Mujeres en el andamio

Al hilo de este #8M que (ojalá) cambie el mundo interrumpo el paseo por la Geología del Bajo Aragón para contaros mi experiencia en un mundo de hombres.

Llevo casi veinticinco años subida en el andamio. En todo este tiempo he ido percibiendo un cambio -quizás excesivamente lento- en la actitud de los señores absolutos de la estructura metálica. A principios de los noventa, muchos españolitos de a pie, aún no habían salido de la caverna. Y les costaba entender qué hacía esa “gachí” diciéndoles lo que tenían que hacer, si debería estar recibiendo sus requiebros más o menos “amorosos”. Aún recuerdo aquella mañana en una vieja iglesia oscense en la que, tras varios intentos frustrados de que el albañil de turno me hiciera caso llegó Antonio, el jefe de obra, que además era el que pagaba, y le dijo: “Manuel, haz exactamente lo que te diga esta señorita”. Y como lo había dicho Antonio, Manuel obedeció.

Poco tiempo después tuve una entrevista de trabajo para una empresa de productos químicos para la construcción. Yo pensaba que era la persona idónea, ya que esa era mi especialidad. Uno de los motivos por los que fui rechazada fue mi condición de mujer ya que, según ellos, no teníamos nada que hacer en el mundo de la construcción. Así me lo dijeron… Años después acudí a una feria de la piedra en calidad de técnica prescriptora. Cuando me acerqué al stand de esa casa, y el comercial me intentó vender sus productos le dije que lo sentía mucho, pero que su empresa me había rechazado por ser mujer y no iba a ser yo la que recomendara una firma tan marcadamente machista.

Desde aquellos primeros pasos he visto de todo, incluido, en ocasiones, el machismo entre los propios titulados superiores de la construcción. Hace poco, me encontré con un cantero turolense al que le estaba dando la instrucciones sobre cómo debía proporcionar la piedra para una obra, con la seriedad que eso implica y me respondió que le daba miedo si le miraba tan seria… Lo malo fue la respuesta del jefe de obra -aparejador- que me acompañaba “Es que a las mujeres siempre hay que tenerles miedo”. Esto ocurrió en diciembre pasado.

Sin embargo, cada vez son más las mujeres, aparejadoras, jefes de obra, así como arquitectas e ingenieras o técnicas de prevención de riesgos laborales. También las hay albañiles, electricistas, gruístas, etc., aunque la mayoría de las mujeres en la obra estamos en puestos técnicos y Dirección Facultativa. Y eso que no teníamos futuro en el mundo de la construcción...

Y me he encontrado con compañeros de trabajo excelentes, tanto entre los técnicos como entre los albañiles y canteros. Lejos quedan esos momentos iniciales en que no me hacían caso, y ahora me dedico a asesorar a la Dirección Facultativa, o directamente formo parte de ella, mi firma está en la mayoría de los planes directores que se han redactado en Aragón, doy instrucciones y en muchos monumentos no se ha movido una piedra sin mi visto bueno.

También en este campo, es necesario ganar esa igualdad en empleo, respeto y salario según nuestra capacitación. No podemos esperar otros veinticinco años a que cambien las cosas.

Geóloga/petróloga especialista en restauración.

 

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