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Ángel Hernández

La impostura de las políticas contra la despoblación

Es una impostura todo lo que estamos viendo estos días en relación a la Despoblación, y los discursos que de un lado y otro se lanzan en pos de conquistar el espacio mediático, de captar el titular. Lo de la visita de Mariano Rajoy viene a rizar el rizo, porque por encima de todo el presidente del Gobierno debería de ser el garante del cumplimiento del artículo 14 de la Constitución que dice “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

Pues los turolenses por el hecho de haber nacido en esta provincia hace tiempo que podemos decir que somos ciudadanos de segunda; y si hablamos de quienes viven lejos de la autovía o de las carreteras nacionales, la división ya es la tercera. Y es que hemos pasado de hablar de las pésimas comunicaciones por carretera, de la inexistencia de unas comunicaciones dignas por ferrocarril, a una brecha digital que padece todo el medio rural turolense, con mayor o menor intensidad, excepción hecha de nuestros “grandes” núcleos de población.

El testimonio del alcalde de Calomarde que relataba como tenían que subir con una escoba a limpiar la nieve de la antena  de telecomunicaciones para que pudiesen ver la televisión en su pueblo el fin de semana, o cada día que nieva, es una muestra muy clara de esta ignominia. El problema es que seamos una moda, que ahora que se marcha el invierno, cuando las bajas temperaturas y las penurias de los pueblos aislados bajo un manto de nieve dejen de ser noticia para los folletines de tarde y lleguen las fiestas del verano, pasemos de nuevo al rincón del olvido. La despoblación y el tratamiento de los media no es más que una clara muestra de sensacionalismo, de amarillismo, sin más. Hace falta algo distinto y hace falta que el medio rural y su pervivencia dejen de analizarse bajo la lupa de la rentabilidad económica y pase a medirse por su rentabilidad ecológica y social; lo que producimos, lo que garantizamos y lo que aportamos sosteniendo el medio, manteniendo su biodiversidad, conservando una cultura y un modo de vida, que cada vez elige menos gente.

Queremos vivir en un pueblo y navegar por internet a la misma velocidad que cualquier ciudadano de Madrid o de Zaragoza; queremos ver los mismos canales, disfrutar de esas comodidades que tan cotidianas resultan en el mundo urbano. Mantener abierta la ventana de la comunicación virtual es un derecho y como tal lo reclamamos. Y no olvidemos que vivir aquí es mucho más caro que hacerlo en una ciudad, por lo que la parte de las exenciones fiscales debería ser una premisa a la hora de hablar de políticas.

Por eso me parece una impostura, algo oportunista el espectáculo que vivimos estos días en relación a la Despoblación. Porque una cosa está clara, hasta la fecha quienes mandan o han mandado deben de asumir un fracaso, su fracaso, en tanto en cuanto cada año seguimos perdiendo población, cerrando escuelas y mirando con desaliento y pesimismo al futuro de nuestra tierra.

Confiemos en el mañana y en lo que pueda depararnos, y que nada de lo prometido llegue demasiado tarde;  aún así habrá pueblos en los que no se puede usar el wasap en Semana Santa por falta de ancho de banda, como vamos a pretender no ya que la gente viva en los pueblos, es que ni siquiera les va a apetecer visitarnos.

 

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