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Gonzalo Villa
Martes, 27 de Marzo de 2018 00:00

Cadena Perpetua

Prisión permanente revisable, lo llaman ahora.

Ya recordamos el crimen de Cuenca, pero fijémonos en las acciones de jueces, tribunales, autoridades, caciques, en las que sustentan las sentencias de una u otra manera, más que en las torturas de los mandados a los que no causa rechazo el sadismo y el maltrato, y más que en gentes ignorantes que sacan conclusiones equivocadas, o se entregan a engañar, malmeter o inducir a cautivos del mal, jueces a veces, que ya entendemos que no es que sean engañadas, sino que utilizan a la delincuente para saciar sus ansias maltratadoras sobre colectivos de los que no forman parte.

Remontémonos a la inquisición en el nombre de la rosa, a ese Bernardo que decreta sentencias de asesinato, sobre inocentes, mientras el viejo ciego cabrón mata, manteniéndose como el venerable Jorge.

El conde de Montecristo. Y tantos ejemplos bastante difundidos.

Y pensemos en la pena de muerte, en todas las penas de muerte, que se ha sabido se ejecutaron sobre inocentes, y en las que figurando en los textos como sanción a delitos que la merecieron, muchas no queda descartado que no respondieran a la realidad.

La manida corrupción y prevaricación, va más allá de la codicia y el robo, siempre presente, además del contubernio y el encubrimiento, y exculpación de los miembros de la tribu de los chochoni. Pues más pronto que tarde son protagonistas de asesinatos  de una u otra manera, que terminan colocando en las sentencias a falsos culpables. Véase en los crímenes de Oxford, a la parricida adultera.

Por tanto la improcedencia de la prisión permanente revisable, se debe a la existencia de la prevaricación, la corrupción y la concitación de colocadas y colocados, y a quienes enredan con prebendas, migajas, claro, y porque quienes la podrían merecer, en su gran mayoría, no pasan ni por la cárcel.

Un chiste de Jorge Volpi, premio alfaguara actual con, una novela criminal. Se realiza una competición entre policías de distintos países, estadounidenses, españoles y mejicanos, para ver cuál es más rápida capturando a un conejo. La cuadrilla estadounidense tarda una hora. La española media hora. Y la mejicana trae un elefante apaleado en diez minutos, que dice: les juro que soy un conejo, soy un conejo.

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