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Pilar Batanero

Todo muy normal

Al común de los mortales, es decir, a la mayoría de los ciudadanos de este país, para acceder a un trabajo público (funcionario) o a una universidad, o, incluso, a una formación profesional, se nos exige unos mínimos, aquello tan famoso de "igualdad, mérito y capacidad". Las bases son iguales para todos. Tus méritos y capacidades son las que se valora.

Pero la mayoría parecer que no somos todos. Hay a quien, en un momento determinado, le permiten que saltarse a la torera las clases (obligatorias), los exámenes (evaluatorios)  y además le permiten matricularse fuera de plazo...

Y para colmo, el trabajo no aparece por ningún sitio, ni el día que supuestamente lo leyó, se reunió el tribunal evaluador, y además, las notas se cambiaron a los dos años de acabado el curso...

Todo muy normal, parece ser. Vamos como nos ha pasado a todos cuando hemos opositado, o hemos ido a cursos (no de tanto caché como el de Cifuentes). Si faltas a clase no te dan el título... así de simple.

Lo peor de todo es que ese máster sólo le vale para enmarcarlo y ponerlo en el salón-comedor para dar relumbre al mismo. No lo necesitaba para nada. Su carrera profesional y política la tenía perfectamente encaminada.

Pero a veces, el darse importancia con las titulitis hace que algunas personas hagan cosas muy, muy raras.

Todo acabará en nada, entre otras cosas, porque si hubiera delito, igual hasta había prescrito, y aquí, no dimite ni el Tato, así lo pillen con el cuchillo ensangrentado en la mano y delante del cadáver.

Vamos, todo muy normal.


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