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Eugeni Fernández

Partidos graníticos

Resulta inquietante comprobar la baja calidad de la política representada en la vida cotidiana de los partidos. Como si fuera un ejército en tiempo de conflicto bélico, las órdenes, que fluyen por estricto conducto reglamentario, no se discuten; se cumplen.

Los órganos directivos toman decisiones con la seguridad y contundencia de quien se sabe infalible.

Por ello, toda discrepancia está vetada, imponiendose el pensamiento único. Y al que discrepa, a menudo se le tacha de rebelde y se le invita a cambiar de aires para no alterar la “paz interna”.

El ejército (partido) sigue su avance y lanza sus consignas en la reunión diaria, que son transmitidas para que la tropa (cargos y militancia) las difunda siguiendo el argumentario del partido:

-    La oposición tiene la culpa de la sequía

Y  todos repiten como una sola voz: La oposición tiene la culpa de la sequía, La oposición tiene la …

-    Hoy votamos que no a la bajada de impuestos

-    ¡Ayer dijimos que debían bajar!

-    Cambio de estrategia: Lo importante no es la gobernación, sino ganar las elecciones.

-    ¡Pues todavía faltan 4 años…!

Y si toca rectificar: nunca se han equivocado. Del mismo modo que hace la infantería, nunca se retrocede; media vuelta y a seguir avanzando. Eso sí, si la oposición presenta un plan, por bueno que este sea, la respuesta debe ser siempre NO.

¿De verdad es esto lo que queremos? ¿Alguien cree que esta es la forma de hacer avanzar una humanidad que afronta retos cruciales para su futuro?

Necesitamos partidos políticos tolerantes y abiertos a las necesidades y mensajes que lanza la sociedad. Que no se encojan a la hora de pactar, que reconozcan la validez de los planteamientos opositores si estos son realmente beneficiosos para la mayoría. Y por supuesto, políticos honestos e íntegros, inteligentes y osados, que sean capaces de enfrentarse ante las estructuras de sus partidos si es necesario. La discrepancia no es un defecto ni un obstáculo, sino lo que nos puede permitir evolucionar al ritmo que lo hace la sociedad.

Quizás la solución se encuentre en las listas abiertas, con políticos que deban responder de su gestión directamente ante sus electores, aunque eso, viendo el comportamiento y la inercia actual de los partidos, no deja de ser una utopía que difícilmente se cumplirá.

Mientras tanto, deberemos seguir soportando tomaduras de pelo, ya saben: “Un plato es un plato y un vaso es un vaso”.

 

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