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José Luis Pueyo
Jueves, 03 de Mayo de 2018 01:00

Populistas

Albert Rivera publicó recientemente en su cuenta de Twitter las fotos de unos profesores catalanes a los que la fiscalía acusa de un supuesto delito de odio. Es decir, el que se postula como futuro presidente de España, no tiene ningún inconveniente en “retuitear” lo que caiga en sus manos con fines partidistas, sin esperar a que haya un posible juicio en el que los acusados tengan la oportunidad de defenderse. Impropio de un futuro presidente de estado, salvo que parecerse a Donald Trump sea ahora mismo un “plus” en política.

Y es que el nacionalismo es una herramienta muy eficaz para captar votos. Y concretamente el nacionalismo español cuenta ahora con un filón de votantes que se empiezan a quedar huérfanos de partido ante el interminable chorreo de casos de corrupción y de mentiras permanentes que asolan a su partido de referencia. Albert Rivera lo ha visto claro y no ha dudado en convertirse en un nacionalista de manual, un salvapatrias que a pesar de su juventud ya huele a rancio. Es ya la única alternativa al PP, y confía en que esos votantes ya por fin hartos de tanta insidia, le voten a él en lugar de optar por quedarse en casa.

La RAE define como populista a aquella tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. Y aunque tradicionalmente se puede tender a asociar a “los ricos” con los habitantes naturales de la margen derecha del país, existe una enorme “clase popular” que prefiere abrazar los valores “tradicionales” de nuestra querida España, que supuestamente se defienden desde la ribera derecha. Y ahí es cuando Rivera no duda en abrazar el populismo (el mismo pecado que tanto gusta criticar en otros) para convertirse  en el “führer” de nuestro país.

Sinceramente, escuchar a Pablo Iglesias me genera mucho desasosiego e inquietud, y hasta rechazo. Escuchar a Albert Rivera me produce miedo, intenso miedo.





 

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