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Pilar Batanero

Dos veces

A la joven de Pamplona la han violado dos veces. La primera cuando 5 tipos sin escrúpulos que se creían un regalo de los dioses para cualquier mujer que se cruzase en su camino, la metieron en ese portal e hicieron lo que quisieron con ella que, muerta de miedo, no opuso resistencia ninguna para, según los consejos que te da la misma policía, evitar males mayores, como que la pegaran o mataran si se resistía. Optó por dejar que pasase y que pasase cuanto antes.

Ayer la volvieron a violar con la sentencia. El cuerpo que se la haya quedado a esta niña ha de ser para hacer un tratado de psicología. Que le digan que lo estaba disfrutando... y que se lo diga un juez... es para desesperarse.

Pero somos muchísimas las personas que si la creemos, que nos ponemos en su lugar y creemos firmemente que la violaron, que la obligaron a practicar sexo sin su consentimiento, que lo único que hizo fue temer por su integridad física y decidió no hacer nada, o simplemente se colapsó, y estuvo quieta y callada sometiéndose a los deseos de estos 5 tipos que no vieron en ella a una persona, sólo un trozo de carne con agujeros que podían usar a su antojo.

Me pregunto donde aprendieron estos tipos sexualidad, qué les explicaron en su casa, cómo son las relaciones familiares que tienen, si "ayudan" o comparten tareas... como se interrelacionan con las mujeres de su entorno.

La hermana de uno de ellos dice que es mucho tiempo para no haber hecho nada... ¿de verdad no hicieron nada? Simplemente grabarla sin su consentimiento mientras la violaban y robarle el móvil es hacer algo ¿o no?

Desde que salió la sentencia tengo una sensación de náusea.

Cuando era niña tenía una catequista que nos contaba historias de santas. Todas ellas habían muerto a manos de hombres que quisieron violarlas y ellas, para no perder la "pureza" y no "pecar" (te violan y encima pecas tú) preferían morir... parece ser que hemos de seguir en ese camino para que de verdad nos crean si tenemos la desgracia de cruzarnos con una piara de cerdos como estos de Pamplona.

Tenemos que seguir justificándonos por como vamos vestidas, por el sitio al que vamos, por la hora que estamos en la calle, si bebemos o no...

A ver si nos vamos enterando: podemos ir donde, cuando y como queramos sin tener que mirar cada rato hacia atrás y hacia los lados, sobresaltándonos cuando vemos una sombra, oímos pasos o nos cruzamos con un hombre.

El día que los hombres, todos ellos, puedan sentir eso que estoy diciendo en sus propias carnes, ese día sabrán lo que es ser mujer en este sistema patriarcal en el que nos ha tocado vivir.

Ánimo niña de Pamplona, YO SI TE CREO.

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