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Gonzalo Villa
Lunes, 07 de Mayo de 2018 00:00

¡Viva el señor obispo!

Gradúen de mayor a menor gravedad:

Deterioro de las facultades mentales, porque nadie quiere mantener relaciones íntimas con una.

Jueza decretando robo de niñas de por vida y 900 euros al mes, a un padre desempleado, honrado e igualitario. Y el 30% más, para los amigos.

Aceptar relaciones sexuales sin protección siendo portadora del SIDA.

Inspectores sancionando con faltas graves falsas, a una víctima de agresión; incitando a la agresora, profesores corruptos.

Arrinconar a un indigente, o no, en un cajero, prenderle fuego y carbonizarlo.

Funcionario de juzgado emitiendo orden de embargo a capricho, por ejemplo de 30.000 euros. Y al hacérselo ver, no solo no lo devuelve sino que maquina asesinar a su víctima.

Desahuciar a quien ha pagado su vivienda, por quien no ha pagado nada, ni se le debe nada.

Privar de plaza a una opositora, modificando los méritos de otra, para otorgársela a esta.

Mantener relaciones sexuales insatisfactorias, sin daños a la integridad física. Ni Sida, ni desgarros, ni lesiones invalidantes, ni impropias de sexo impetuoso.

Inducir a inscribir en el registro civil a una criatura, a quien no la ha engendrado, y luego deshacerse de él, concitando a quienes les exijan 1000 euros al mes, durante 22 años, aunque no ingrese nada. Y si no, ¡a embargar!

Aprovechar el carácter exaltado de imprudentes, para inducirles a cometer atentados violentos por lealtad a quienes les han otorgado beneficios corruptos.

Robar 100.000 euros, y no decir no a seguir robando tanto o más.

Robar 1.000 euros.

Hacer desaparecer (quitarles la vida violentamente) a personas inocentes, para siempre.


Una fanática es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.
El problema de nuestra época es que las mujeres no quieren ser útiles, sino importantes.
¿Tienes enemigos? Bien, eso significa que alguna vez has luchado por algo en tu vida.
El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso, sin desesperarse.
La política se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.
(Winston Churchill)

Sus palabras carecían de convicción.

— ¡Señorita: le ruego encarecidamente, le suplico con toda humildad que no continúe en sus propósitos!

— ¿Quiere decir que deje a Linnet tranquila?

—Algo más que eso. ¡No abra su corazón al mal!

Una expresión de asombro apareció en los ojos de la muchacha.

Poirot continuó gravemente:

—Porque si lo hace, el mal vendrá... Sí; con toda seguridad: vendrá. Entrará en su corazón, formará en él su morada y a los pocos instantes no habrá fuerza humana que lo desaloje...
(Muerte en el Nilo, Agatha Christie).



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