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José Luis Pueyo
Miércoles, 13 de Junio de 2018 00:00

Indicadores macro-económicos

Supongamos que soy profesor y llevo unos años de crisis en los resultados académicos de mis alumnos. Durante este tiempo he ido aplicando ciertas medidas con la esperanza de que el asunto mejore, y este curso, con un grupo de 10 alumnos, la media final del grupo ha sido de 5. A la vista de este resultado, respiro hondo, saco pecho, y digo que por fin se están solucionando los problemas y mis alumnos han alcanzado el nivel académico mínimo que se esperaba de ellos.

Este análisis puede ser realmente riguroso. O no. Imaginemos que cada uno de los alumnos ha sacado un 5, en ese caso la media de los diez pupilos da exactamente 5. El mensaje dado, pues, es totalmente veraz y acorde a la realidad. Pero podrían darse muchos otros supuestos en los que la media da 5.  Por ejemplo, dos alumnos obtienen un 10 y ocho alumnos se quedan en el 3,75. La media, como se puede comprobar, da 5. Pero en este caso, el optimista mensaje ya no se ajusta a la realidad, porque si bien dos de mis alumnos han sacado unas notazas que indican que las medidas que he adoptado les han beneficiado, el restante 80% de la clase se ha quedado lejos de obtener el resultado académico mínimo exigible. Es decir, si soy riguroso, deberé admitir que he fracasado.

Y esto es justo lo que ha sucedido en nuestro país. El PP lleva un tiempo sacando pecho hablando de la supuesta recuperación económica, basándose en eso que llaman “indicadores macro-económicos” o como los quieran llamar. Y si bien esas cifras pueden indicar que ha habido una recuperación, la realidad de la calle, la de las personas tomadas de manera individual, no como parte de una cifra global, es bien distinta. Según un estudio de FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) del año pasado, la pobreza en España no ha disminuido, habiendo un 70% de los hogares que no ha percibido ningún efecto de la recuperación económica, y un 50% de los hogares con una “red de seguridad” peor. Esta es la realidad que debería contar, la de las personas, no la de las cifras.

Pero ya vemos cómo funciona la política. Se trata de saber mentir pudiendo justificar que no estás mintiendo. Y repetir esas mentiras hasta que calen. Y por lo que se ve, calan bastante.

 

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