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José Luis Pueyo
Martes, 03 de Julio de 2018 00:00

Agua

Me estoy haciendo un aljibe. Es una tarea entretenida, creativa, intensa, agotadora, y angustiosa en algunos momentos, como cuando ves caer el hormigón y te preguntas si el encofrado que tantos días, dinero y esfuerzo ha costado montar, resistirá... Ya casi lo tengo terminado, ya tan solo pequeños detalles, y espero que dentro de un par de semanas estará preparado para recibir el agua.

El agua. Me he dado cuenta de que no era realmente consciente de la importancia que tiene. Seguro que todos intentamos de una manera u otra ahorrarla poniendo aireadores en los grifos, no eternizándonos en las duchas, dejando de usar la bañera, usando un lavavajillas muy eficiente, etc, etc. Pero admito que yo no me había dado cuenta de algo tan obvio como que el agua es la clave de la vida. He sido plenamente consciente ahora que me he comprado un terreno precioso, pero que no tenía agua, y comprendí que sin ella no podía hacer absolutamente nada.

Si uno se pone a pensar en lo que es realmente imprescindible para vivir, se podría prescindir de casi todo lo que ahora consideramos tan necesario. Uno se podría “instalar” en un chamizo hecho con cuatro cañas y sobrevivir indefinidamente, que es lo que todavía hoy les toca hacer a millones de seres humanos, penosamente. Pero como no tengas agua a mano, estás acabado.

Así que en el instante en el que el primer chorro de agua que me va a proporcionar la CHE comience a entrar en mi aljibe, creo que alguna lágrima de alegría colaborará en su llenado. A partir de ese momento todo es posible: cultivar un huerto que te ofrezca sabrosos vegetales, plantar árboles que te regalen jugosos frutos, hacerte deliciosas comidas que alimenten no sólo tu estómago sino tu espíritu, lavar tu agotado cuerpo tras la jornada de trabajo, limpiar todos los enseres y espacios en los que habitas... Puedes vivir, básicamente. Así que este verano que lo voy a dedicar a dar vida a mi terreno sudando bajo nuestro implacable sol, cada vez que refresque mi cara con agua fresca de mi aljibe, sonreiré agradecido por mi inmensa suerte.

 

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