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Cristina Marín

La Lonja de Alcañiz ya tiene quien les escriba

Estos últimos días hemos sabido que por fin comienzan los estudios previos para la restauración de la Lonja de Alcañiz. Decenas de técnicos de distintas especialidades están tomando datos para tener un estado de la cuestión minucioso que permita una intervención precisa y adecuada a sus necesidades. Me congratulo, porque el edificio se lo merece.

El edificio de la Lonja constituye un claro ejemplo del estilo gótico tardío aragonés, levantado en el siglo XV, aunque reformas posteriores modificaron el aspecto original. Entre estas reformas hay que destacar la construcción de la galería superior (s-XVIII).

En 2014 tuve la oportunidad de girar una visita técnica en la que aprecié diversos aspectos tanto interiores como exteriores. Entre los primeros, destacaba la presencia de numerosas divisiones de espacios en cada planta y niveles intermedios entre plantas y la existencia en la primera planta de una columna original del edificio renacentista, realizada en piedra, de fuste liso poligonal.

Sin embargo, fue el exterior lo que más me llamó la atención. Todas las paredes perimetrales tenían una o varias capas de morteros que cubrían la totalidad de los muros. No era posible ver el tipo de estructura, composición de materiales y estado de conservación. En la zona de arcadas exteriores de la última planta encontrábamos también intervenciones más o menos recientes que habían alterado parcialmente el estado constructivo original: muros recubiertos de uno o varios estratos de morteros, balaustrada con columnillas desplazadas de su centro y reforzadas con mortero, columnas del ala perpendicular modificadas en su base, y modificación del parapeto. En la parte baja, en las arcadas de la Lonja, se aprecian costras y eflorescencias salinas. En los paramentos exteriores encontrábamos suciedad (Depósitos superficiales, contaminación atmosférica y excrementos de palomas) que era especialmente relevante en la fachada del Ayuntamiento, dado su carácter ornamental. Por último, en la calle de Ángel Ruiz, la lateral que da a la plaza Galo Leoz, observamos sillares con arenización, alveolización y pérdida de relieve, seguramente por ascensos capilares.

Como pueden ver, el estado del edificio necesitaba urgentemente este estudio, que se ha demorado demasiado. Espero que la hoja de ruta para su restauración sea respetada en tiempos y procedimientos.

Geóloga/petróloga especialista en restauración.

 

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