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Lola Llandrés
Lunes, 09 de Julio de 2018 00:00

Lola Llandrés ComaLola Llandrés Coma

Me equivoqué con Rajoy

Si alguna persona perdió su preciado tiempo leyendo mi anterior escrito en este medio, sabrá que, aunque seamos tocayas de nombre, no soy la famosa Pitonisa Lola, y en mi intención de definir, desde el punto de vista de esta humilde observadora de taburete, el futuro político que hace poco se trajinaba entre bambalinas con aquello de la Moción de Censura contra Rajoy, no conté con una variable que debía haber tenido en cuenta, y era ese factor sorpresa, esa capacidad de desmarque con que, a veces el ahora ex presidente no dejaba de sorprendernos.

Me equivoqué. Ahí me pilló del todo. Con ese socarrón juego gallego del "me voy, pero me quedo" que nos tenía a todos confundidos.

Y cogió el petate y se fue. Y se fue con un "Ahí os quedáis todos y que os den", que no lo dijo, pero imagino que lo pensó, como lo hubiera pensado yo misma de haber estado bajo su calva.
Salió la Moción (lo echaron, dirán). Pero lo cierto es que se podía haber quedado, como presidente de su partido, en su sillón de Diputado, pero no. Se fue. Renunció a su sueldo, a su aforamiento, a sus prebendas políticas y se fue, a intentar seguir en su plaza de Registrador, que era lo suyo.
Nos dejó a todos, seguidores, detractores o meros observadores como yo, con dos palmos de narices. Le alabo la decisión. Puede que yo en su lugar hubiera hecho lo mismo.

Harto ya como estaba de que se mentará su nombre para cargar con todos los pecados, males y penurias que aquejaban a la Península, a las Islas, a Ceuta, a Melilla, a todas las autonomías y especialmente a Euskadi y Cataluña; y también allende los Pirineos, donde la famosa Troika, aquel tridente del diablo formado por la Comisión Europea de países, el BCE y el FMI, vestidos como el cobrador del frac, venían implacables a cobrarse lo prestado sin perdonarnos ni un centimillo de euro, no fuera a ser que se nos ocurriera tomarlos por el pito del sereno, como aquel pollo-pera griego de Varoufakis, que anda más desaparecido que hueso escafoides en Campo Santo.

Como iba diciendo, que me pierdo, pues eso, que se fue.
Hartito de los de dentro, de los de fuera, de los que se quieren ir con sus lacitos a otra parte y de los que se quieren venir a nado o en flotador, porque han deducido que aquí no se vive tan mal y nos quejamos de vicio.

También hartito de los rateros de entre sus propias filas, que en un despiste le montaban un Bárcenas por un quítame allá un par de botes de hidratante. Ya daba igual, la cosa era que se le sublevaba el gallinero, sacando demasiado la mano a pasear, sin atreverse a sacar la vara de maestro antiguo para poner a esos gallitos de corral cara a la pared y propinarles una buena azotaina hasta dejarlos desplumados y sin poder cacarear.

La cosa es que ahora, visto y no visto, así sin habernos molestado en pasar por las urnas, tenemos presi nuevo.

Parece ser que éste tenía muchas ganas, se le nota demasiado, aunque no se qué tendrá eso de la presidencia que ganas, tienen todos.

¡Madre mía!, ¿qué tendrá el poder?, que aunque terminen casi todos con el rabo escaldado, cual lobo de los tres créditos del cuento, todos se afanan por llegar cuanto antes al caldero, aunque sea lanzándose por la chimenea, así, a la brava, sin los modales de llamar a la puerta, ni esperar a que te abran, vamos, de manera cortés, como está mandado, y como debería ser.

En fin, a ver si para otra vez soy más certera en mis predicciones, y a perdonar.

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