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Jesús Moreda

Verano

Ha vuelto el verano. Este año, con fuerza. Y vuelven los recuerdos. Y con ellos la nostalgia por aquellos lejanos veranos, ya irrecuperables, pues se han ido para siempre y no queda sino guardarlos en la memoria. Aquellos veranos de largas vacaciones en las que pasábamos todo el día jugando en la calle, naturalmente, sin móviles, por muy imposible que pueda hoy parecer.

Volvíamos a casa tan solo para comer o merendar. ¡Y no nos aburríamos! Aquellos veranos de siestas forzadas –no me gustaba echarme a dormir y ahora en cambio se ha convertido para mí en algo sagrado e insustituible- y baños en el río. Aquellos veranos de puertas abiertas o llaves en las gateras. Aquellos veranos en los que Pedro Catalán y otros empleados del Ayuntamiento regaban las calles de Alcañiz para así atemperar el calor de las noches en las que se salía a tomar la fresca y charlar con los vecinos, sana costumbre que no se ha perdido del todo. Había muy pocas televisiones todavía. En la calle Nicolás Sancho, nos exponíamos a aquella lluvia artificial con la cantilena de “la manga riega y aquí no llega” y luego  hacíamos presas de tierra para detener el agua que corría por la cuesta.

Dicen que recordar es volver a vivir y he intentado evocar ese viaje en el tiempo en el siguiente poema: “Tardecicas de verano / que ya nunca han de volver; / río arriba se quedaron, / lo mismo que mi niñez. / Canta el grillo y la chicharra. / Resistero. Cala el sol. / La manga riega y no llega. / Las rosaledas en flor. / Siestas de geranio duerme / la ropa sobre el cordel. / El viento anclado relame / la sombra de su dosel. / Cacarean las gallinas. / Avispas en el pilón. / Un denso tachón de hormigas / va serpeando el troncón. / Salta el canario en la jaula, / el jilguero en el rastel. / Por balcones y ventanas, / vierte su risa el clavel. / Callejuelas silenciosas. / Ni un aliento. Ni un tremor. / Sobre el blancor de los muros, / chorreando la calor. / La fronda de la alameda / moja en el agua los pies. / Las malvas de la vereda / agostadas por la sed. / Las gotas de la campana / se embeben de tornasol. / Sobre un plinto de gladiolos,  / la Virgen en procesión. / El cielo se resquebraja. / La lluvia cae en tropel. / ¡Santa Bárbara bendita! / ¡Niños, dejad de correr! / Tardecicas de mi infancia / ya solo recuerdo son / sujeto con alfileres / al forro del corazón.“

 

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