Banner

J!Analytics

Buscar columnistas

Jesús Moreda

Corrección política

Allá por mitad de los años 70, cuando comenzaba la televisión en color, cuando había, únicamente, dos cadenas y el mando a distancia éramos nosotros mismos que nos teníamos que levantar para darle al botón y cambiar, José María Íñigo entrevistó en su programa “Directísimo” a la escritora argentina Esther Vilar, autora de El varón domado, obra en la que defendía la más que discutible teoría de que la mujer no solo no es oprimida por el hombre sino que es ella la que controla al macho y lo maneja sin ser este, las más de las veces, consciente de ello. El hombre habría sido entrenado y condicionado por la mujer para ser convertido en su esclavo. Se suscitó la natural polémica pero no pasó de ahí ni se cayó en ningún radicalismo. Hoy día, no solo resultaría imposible la publicación de dicho libro sino que, si una cadena emitiera aquella interviú, arderían las redes sociales y los guardianes y las guardianas de la ortodoxia de la corrección política asediarían y quemarían la televisión y la tal señora sería arrastrada por las calles y expuesta al escarnio público.

Estamos retrocediendo en el ámbito de las libertades, sobre todo en lo tocante a la libertad de expresión. Ejemplo de ello es la autocensura –la peor de las censuras- que nos imponemos para evitar el ser motejados de fachas, machistas, xenófobos o con un largo etcétera de epítetos de todo menos bonitos.

Vivimos sometidos a la dictadura de lo políticamente correcto. Poco a poco y de manera imperceptible, nos están inoculando e implantando unos postulados absolutos de los que no es posible disentir y, ni siquiera, opinar pues se consideran inamovibles e intocables. Y pobre de quien ose desviarse un ápice de las cañadas del rebaño. Sin saber muy bien cómo, hemos llegado a una situación en la que hay palabras que no se pueden pronunciar, chistes que no se pueden contar y noticias que no se pueden difundir si no queremos ofender a determinados sectores sociales. Ha surgido una nueva inquisición y, de seguir así, no sería nada extraño que se anunciara un índice de libros prohibidos. Si no, al tiempo. Como decía George Orwell: “La libertad es el derecho de decirle a la gente lo que no quiere oír”.

 

 

Compartir

 

-