Banner

J!Analytics

Buscar columnistas

Ángel Hernández

Un pozo sin fondo

Leía la semana pasada en este medio una información acerca de los proyectos que se beneficiarán del Fondo de Inversiones de Teruel (FITE) 2018. Se acostumbra uno a leer estas cosas más con escepticismo que con sana ilusión.  De nuevo  se informa de que MotorLand es el proyecto que más dinero va a recibir: 8,4 millones de euros, cuatrocientos mil más que el año pasado.  También supimos que no es el único importe que se destina al complejo del motor, porque el Parque Tecnológico recibirá 500.000 euros y el laboratorio Unizar-MotorLand, 300.000. Así que esa parte que ilusiona, que puede distinguirnos con una apuesta seria y decidida por el I+D+I, que es donde los jóvenes del territorio pueden alcanzar un empleo digno, de calidad y que les permita desarrollar una carrera profesional acorde a una buena formación académica, no alcanza si quiera el 10% de lo que se “traga” el circuito.

Se decía en esa misma información que “el dinero para MotorLand supera al importe global destinado a carreteras y comunicaciones (5,3 millones de euros), que además de carreteras provinciales incluye el aeropuerto de Teruel. También supera a toda la cantidad prevista para “patrimonio cultural, ambiental y social” (6,1 millones de euros), para “infraestructuras municipales” (7,3 millones) y para “apoyo a las infraestructuras para la implantación de empresas” (cerca de 3,2 millones)”. Se pueden hacer muchas lecturas al respecto, cada uno tendremos la nuestra. Pero hay una cosa cierta, y es que MotorLand se revela como un pozo sin fondo, que cada año reclama más y más dinero público. Desde una visión crítica, con un análisis pormenorizado sobre todo ello sería conveniente estudiar el impacto que esa inversión continuada tiene sobre la creación de empleo.

Con una apuesta anual de ese calibre deberíamos hablar de un referente en la generación de empleo, de un verdadero motor de desarrollo que tuviese un efecto de arrastre considerable en el territorio. Pero lo cierto es que no lo hay, no existen empresas subsidiarias, no hay un polo industrial, no hay un impacto que permita fijar población.

Las cifras a menudo son bastante elocuentes, Alcañiz tenía en 2009, fecha en la que se inauguró el Circuito 16.392 habitantes; en 2010 con la disputa del primer Moto GP eran 16.291. En los datos oficiales que aporta el INE del último Padrón, el de 2017, la población alcañizana era de 15.937 habitantes. Ese efecto multiplicador no se ve por ningún lado y es hora de poder analizar las cifras con una mirada objetiva; porque el impacto sobre la población no sólo no existe, es negativo. Y analizar la realidad de los pueblos del entorno tampoco nos invita al optimismo.

Es indudable que una parte importante del sector hostelero obtiene unos réditos importantes gracias al complejo; pero no es menos cierto que no es el hostelero el sector que genere los empleos y salarios de mayor calidad.  Opino que no podemos alimentar proyectos que viven de la ayuda pública sin más; y puestos a financiar, hagamos a la inversa y pido que se destinen esos 8,4 millones de euros al Parque Tecnológico y a UNIZAR-Motorland. Se imaginan que de esas inversiones salen empresas punteras en el desarrollo de motores sostenibles; se imaginan una producción en serie de vehículos eléctricos. Y lo mejor de todo imaginan a una generación joven trabajando allí, empleo estable y de calidad. ¿Qué perdería el territorio?  A buen seguro que pronto veríamos los resultados, y muy probablemente nadie en el bajo Aragón se resentiría. Igual es hora de abrir los ojos y cambiar las miras.

Compartir

 

-