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José Luis Pueyo
Jueves, 16 de Agosto de 2018 00:00

Taxistas y capitalismo

Son fuertes los taxistas, con su herramienta de trabajo tienen el poder de colapsar las ciudades, los aeropuertos, y si se enfadan mucho vete tú a saber de lo que son capaces. Luchar por tus derechos laborables es plausible, lo mínimo que uno puede hacer cuando se siente amenazado y desprotegido. Y este pulso lo han ganado. Bravo por ellos. El problema reside en olvidarse de las reglas del juego que rigen el mundo “desarrollado” en que vivimos, reglas que silenciosamente hemos aceptado.

Las reglas del capitalismo dejan la puerta a la libre competencia e impiden (lo intentan) el dominio de los monopolios. En eso se apoyaban Uber y Cabifi para reclamar sus derechos, tratando de hacer su negocio en un sector monopolizado por el gremio de los taxistas. Éstos están asustados porque han hipotecado su vida comprando una licencia de 100.000€ y ahora su negocio del día a día se ve amenazado por la competencia, y además no tienen tan claro que en el futuro puedan revender su licencia por el pico que les costó, como tenían previsto... Es como los que se compraron un piso por 300.000€ y ahora vale la mitad, también están jodidos (no encuentro una palabra más educada, lo siento). Pero es parte del juego, están los que ganan y los que no.

El sistema capitalista y sus reglas va de esto, de luchar despiadadamente en la selva sobreviviendo los más fuertes. De alguna manera, es un sistema bastante “natural”. Ya lo definió muy bien hace muchísimos años un tal Karl Kraus, cuando el capitalismo apenas comenzaba a enseñar sus orejas: “La regla básica de este sistema no es tu y yo, si no tu o yo”.

Además es curioso lo perverso que llega a ser el sistema, que defendiendo ese derecho a la libre competencia, las empresas grandes que entran a competir en ciertos negocios pronto se convierten paradójicamente en monopolios contra los que el David de turno no puede luchar...

En fin, no era mi intención posicionarme, tan solo evidenciar mis propias contradicciones... Proclamo que no me gusta el capitalismo, pero me sorprendo día a día mirando dónde puedo comprar los yogures más baratos. Y al pedir un taxi, ¿elegiré el de un obrero que ha luchado contra los Goliats que han llegado arrasando con todo, o simplemente elegiré el que me cobre la carrera más barata? No resulta sencillo ser coherente 100% con una postura anti-capitalista. Felicito a quien lo consiga.



 

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