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José Lop

Negros pero no tontos

Este fenómeno de la emigración desde los países pobres hacia la Europa prospera no es nuevo, se viene realizando desde hace décadas, nueva es solamente la masificación, las dimensiones que ha tomado el fenómeno y, que ahora afecta a países como España donde antes estos emigrantes pasaban de largo, dejaban a un lado. También han existido siempre aquí en Europa "los coyotes" como llaman en la frontera EEUU-Méjico a los guías que bajo pago les ayudan a cruzar ilegalmente las fronteras, ahora aquí les llaman mafias. Estos coyotes además de guías prestan también un servicio de asesores: les informan que tienen que deshacerse de todos los documentos de identidad, la nacionalidad que en cada momento se considera merecedora de asilo, es la de la que tienen que declararse, por eso teníamos afganos, iraníes, marroquíes, tunecinos, todos eran sirios, en la entrada masiva a Alemania, ahora los africanos negros que llegan en los barcos como el Aquarius u Open arms son todos de Darfur o Somalia, merecedores de asilo. A los que no tienen esa posibilidad les aconsejan dar datos falsos: nombre, edad, lugar y país de nacimiento, el tunecino autor de un atentado en Alemania estaba registrado en diferentes lugares y países con diferentes datos. La finalidad es imposibilitar la identificación y con ello la devolución a su país de origen, estos países no colaboran en absoluto, tienen más interés que esas personas se asienten en Europa, manden divisas a sus familias, ayuden si se asientan a la llegada de nuevos emigrantes, y así se deshacen de una juventud desocupada que no puede causar mas que problemas en su país.

La burocracia garantista europea está en una situación de total impotencia ante estos hechos, no consiguen identificar y devolver a su país de origen más que a un número ínfimo de emigrantes, el que llega se queda, digan lo que digan los diferentes gobiernos para rebajar la alarma social.

Hasta ahora tanto los políticos como los medios que conforman la opinión pública no quieren reconocer la realidad, todos quieren ser buenos, apelan a el humanismo, la solidaridad la obligación de asistir al desvalido en el mar.

Estamos ante un movimiento global, un desplazamiento masivo de la población de los países pobres sin prestaciones sociales y sin futuro hacia los países económicamente y socialmente desarrollados. Hay que reconocer la realidad para afrontarla, sin recurrir a eufemismos. Se pueden poner barreras a esta invasión, se pueden abrir las puertas o seguir como hasta ahora mirando para otro lado, con la puerta entreabierta, si los políticos buenistas titubeantes no lo resuelven vendrán los políticos con determinación, en todo caso el mundo va a peor, cada vez a más velocidad y el que vamos a dejar en herencia va a ser peor o quizás mucho peor.

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