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Jesús Moreda

Gilda

Hace unas semanas, pasaron por una de las innumerables cadenas de televisión “Gilda”, filme norteamericano en blanco y negro del año 1946, dirigida por Charles Vidor y protagonizada por Rita Hayworth y Glenn Ford. Recuerdo haberla visto en las sesiones de los miércoles del Cine Guallar o cine de abajo, en la calle Mayor, frente a la pastelería de Serrano. La película supuso un auténtico escándalo en la época, principalmente por la ya mítica escena del striptease del largo guante que Gilda se quita sensualmente mientras interpreta la canción “Put the blame on Mame” (“Échale la culpa a Mame”). Hoy, esta secuencia resulta de lo más pazguato e inocente pero, en su momento, causó una enorme sensación y motivó que la cinta fuese vetada en muchos países. En España se estrenó a finales de 1947 y, por extraño que pueda parecer, prácticamente íntegra y sin apenas cortes. Sin embargo, la censura eclesiástica la calificó de “gravemente peligrosa” -incluso un obispo llegó a prohibirla para los católicos- y, frente a cines donde se proyectaba, hubo manifestaciones rezando el rosario. Otro motivo de incorrección política, aunque entonces no se utilizaba este término, fue la actitud de libertad de Gilda frente a la vida. En dos momentos de la película, Margarita Carmen Cansino Hayworth     -que así se llamaba en la realidad- declara que si ella fuera un rancho su nombre sería ”tierra de nadie” o que siempre hacía “lo que quería y como quería”. Algo enteramente inadmisible en una sociedad gazmoña y machista donde estaba en vigor lo de la mujer en casa y con la pata quebrada. “Gilda” alcanzó tal fama que el nombre quedó como sinónimo de mujer guapa y delgada.

Han pasado más de setenta años pero su visión continúa siendo políticamente incorrecta, si bien esta vez desde la perspectiva opuesta. A lo largo de todo el metraje, se fuma sin cesar; siempre aparece un personaje con el pitillo en la boca o en la mano. Lo que supone para algunos una incitación al tabaquismo. Después, la otra escena mítica de la película: la sonora bofetada que Glenn Ford propina a Gilda –la bofetada más famosa de la historia del cine-, muestra de machismo y ejemplo de violencia de género; y, por último, la citada escena del guante también levantaría ampollas a cierto feminismo radical por la utilización del cuerpo de la mujer como objeto y reclamo sexual. Como dice el refrán: “Los extremos se tocan”.

 

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