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Gonzalo Villa
Martes, 23 de Octubre de 2018 00:00

La derechona

Supongo que Beatriz Escudero Berzal, no volverá a incurrir en antiguos errores, como llamar ímbecil a otro diputado, coger el bolso y marcharse echando chispas. Se lo perdonamos, por la parte que nos toca, sin acritud. ¡Qué chiquilla! Y eso que fue juez, o tal vez por ello. Pero ofrezcámosle alternativas, que al parecer no le vinieron a la sesera, en ese preciso instante, en que oír palmera, le hizo subirse por las paredes. Opción 1: - Ay, Rufián, malandrín, granuja, ¿eh, galán?, menudo pájaro estás hecho, ¿qué serían estas sesiones de investigación sin la pimienta que tú nos brindas?

Pero dicho esto, sigamos, por favor, adelante Gabriel, si lo tiene a bien el señor presidente, por supuesto. Opción 2: - (Tirarle un beso y un guiño, y no decir nada. Se trata de evitar eso de que el que se pica, ajos come) Opción 3: - Vaya, se nos pone histriónico, pues que sepas que lo que tu digas, por un oído me entra y por el otro me sale, ajeno a lo que nos trae aquí, claro. Yo también te quiero. Opción 4: - ¿Qué ha dicho, Paco? - Y que Paco le dijera: - No sé, cosas suyas. A ver que quiere- Opción 5: - ¡Jesús, qué cruz nos manda el señor! Acabemos con esta comparecencia de una vez.

Nada hay que reprochar a Paco Álvarez Cascos por divertirse. No hay que dejarse agriar el carácter, es tontería. Recordaba Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que la única gran obra de transporte, aparte de la Nacional-V, que ha hecho el Estado en Extremadura, la ruta de la plata, la hizo Álvarez Cascos, cuando era ministro de Fomento, después de que el entonces presidente de Extremadura, manifestara públicamente que no aprobaba el linchamiento al que le sometían por entonces, cuando por amor, volvió a casarse con una más jóven, que por cierto, al poco, cogió lo que se contaba, pesaba y medía, y le pagó con la misma moneda. Oye, sin acritud, y ahí le tienes riéndo por estas cosas de hombres, mujeres y viceversa. Vive y sé feliz. Claro que sí.

Allá por el 74, si me hubieran preguntado por la derechona, hubiera dicho aquella señora que salía en Amarcord, de Federico Fellini. Y hoy, igual.

 

 

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