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Jesús Moreda

SOLEDAD

Cada vez son más frecuentes los casos de personas solitarias que fallecen sin que familiares ni vecinos se percaten de ello hasta semanas, meses, incluso años después. El último ha sucedido en Mas de las Matas donde un hombre de 51 años, enfermo y que vivía solo con sus perros, ha sido hallado muerto al cabo de 15 días. El pasado febrero, se encontró el esqueleto de un hombre que llevaba difunto siete años en su casa de Valencia. Nadie, pese al hedor, se había dado cuenta. Su hermano y los vecinos pensaban que se había ido a vivir fuera tal como le habían oído comentar.

Estos sucesos, desgraciadamente, van a ir en aumento dada la evolución de la sociedad. Las personas que viven solas en España, ya superan el 25 %, porcentaje que seguirá creciendo. El problema no es que se viva solo sino que se sientan solos. Y esta situación no se da solo en las personas mayores. Según estudios, más de la mitad de la población española se siente sola en alguna circunstancia. Nada hay más duro que la soledad impuesta, el sentirse abandonado.

No hace tanto tiempo, la gente se relacionaba y se comunicaba más con las personas de su entorno. Pero, primero, la televisión fue sustituyendo a las conversaciones en familia y a las tertulias vecinales y, hoy, Internet está tomando el lugar de las relaciones humanas. No es raro ver a grupos de adolescentes sentados en un banco y cada uno pendiente de su móvil. Nos aislamos del resto de nuestros semejantes, nos encerramos en casa y casi ni conocemos a nuestros vecinos a los que, a veces, ni saludamos cuando los encontramos en el ascensor o en las escaleras. Antes, en los viajes en grupo, en el autobús se cantaba y se contaban chistes por el micrófono. Hoy, dichas canciones se han convertido en pieza de museo que ya no conoce la gente joven. Ahora, nos encasquetamos los auriculares para escuchar música o estamos pendientes de nuestros teléfonos para jugar o bucear en las redes sociales. Nos recluimos en un mundo egoísta y vamos a la nuestra sin preocuparnos por los demás. Como decía José Saramago: “No dudo que un hombre pueda vivir perfectamente solo, pero estoy convencido de que comienza a morir tan pronto como cierra la puerta de su casa detrás de él”.

 

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