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Jesús Moreda

Ricos

Todos los que no somos ricos hablamos mal de ellos. Sin embargo, se da la paradoja de que todos queremos serlo. Luego no debe ser tan mala la opulencia. Ni los que predican la caridad y la pobreza como modelo de vida, ni los que propugnan el reparto y redistribución de las riquezas, ni los que consideran la propiedad como un robo le hacen ascos al dinero y al lujo. Posiblemente, desde el barrio de Salamanca o desde un chalet vigilado por “matones al servicio de los ricos” en una de las urbanizaciones de alta categoría –que no standing- de Madrid se defienda mejor la causa del proletariado que mezclándose con él. A veces, los árboles no dejan ver el bosque.
Así, el líder de la revolución cubana, Fidel Castro, según la revista norteamericana Forbes, amasó una fortuna que le hizo ocupar el séptimo puesto entre los mayores acaudalados del planeta. Su discípulo Hugo Chávez para quien “ser rico es malo, inhumano” dejó a su hija una herencia que la convirtió en la más pudiente de Venezuela. Para cierta gente, estos datos serán mera propaganda imperialista; para otra, es hipocresía. Lo mismo sucede con muchos artistas que nadan en el euro o en el dólar y se manifiestan claramente anticapitalistas y no se recatan de vivir como esos a los que critican de manera inmisericorde. Y cuando se les pregunta por el reparto de la riqueza, responden que ellos se ponen a la cola y que den primero los que tienen más y que ya les llegará su turno. La caridad bien entendida empieza por uno mismo. Pero mientras tales comportamientos sean aplaudidos y disculpados por los suyos…
Todos queremos más. Nunca nos sentimos del todo satisfechos. En sus comienzos, Alaska decía que quería ser millonaria. Y Fernando Fernán Gómez, que su sueño era poder tener mayordomo. Cada cual es libre de gastar sus dineros como crea más oportuno, pero, de igual modo, se puede y se debe exigir, y más cuando ocupan puestos preeminentes, que exista una coherencia entre sus palabras y su conducta, entre lo que predican y el trigo que dan. Como decía el poeta inglés Charles Caleb Colton: “Muchos hablan sinceramente cuando dicen que desprecian las riquezas, pero se refieren  a las riquezas que poseen los demás”.

 

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