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José Lop

Solidaridad, vanidad y narcisismo

Está profundamente arraigada en la conciencia humana una sensación de singularidad individual, todos somos diferentes pero en la distancia corta, vistos de lejos todos iguales, no se aprecian los matices que nos diferencian. La gran mayoría aceptamos esta realidad como un hecho ineludible, nos satisface simplemente ser consciente de nuestra individualidad y, intentamos corregir las cualidades que no  nos gustan; pero hay un número grande de individuos que no soportan esta realidad, quieren destacar, ser otra cosa, naturalmente algo mejor.

Destacar sobre los demás no es tarea fácil, en la mayoría de los casos está condicionado, limitado por la genética, no se puede elegir ser un guaperas de uno noventa, un genio de las artes o un empresario de éxito forrado de pasta con Ferrari y yate, esto no es de libre elección, pero sí que lo es destacar en cualidades morales, éticas, tener unos sentimientos nobles, excelentes, ser solidario, el mejor del mundo.

En estos tiempos de la comunicación social, masiva, al alcance de todos, en las redes sociales y las TVs populistas que buscan la sensación, estos "buenos" solidarios, narcisistas rasgándose las vestiduras delante de una cámara por todas las causas nobles imaginables ha progresado hasta convertirse una epidemia: animalistas, feministas, veganos anti desahucios, anti taurinos, refugiados...para destacar las causa humanitarias es lo mejor, pero dando espectáculo sirve cualquiera: Salir enseñando las tetas y el culo para defender la mujer, yo siempre he creído que las causas se defienden mejor con la cabeza que con el culo, echarse un cubo de sangre por encima para denunciar los toros -hay que hacer espectáculo- y defender la inmigración ilegal, en la calle, en los tribunales, denunciando al estado, a la guardia civil, esto es lo máximo de la calidad ética, de la superioridad moral. Aprovecho la ocasión para recordarles que cada vez que se tomen un café, una caña en un bar podrían salvar una vida renunciando y financiando una vacuna con una donación, que con lo que se gastan en unas vacaciones podría alimentar a una familia de refugiados que viven en la basura y de la basura durante un año, o alimentar y dar escuela a un niño abandonado aspirando disolvente en cualquier ciudad de Hispano América.

En lugar del exaltado narcisismo exhibicionista, recomiendo la efectividad de la donación discreta.

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