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Gonzalo Villa
Martes, 04 de Diciembre de 2018 00:00

Seguridad jurídica

El mensaje que brotó desde la masa de neuronas fue: -Si lo llego a saber, compro toda la manzana- Esto es lo que dijo un cacique analfabeto, que compró un piso, y veinte años después valía veinte veces más.

Conocido es el caso de los alquileres antiguos, esos que se concertaron en los años sesenta, por unas 100 pesetas al mes, fijos hasta la muerte del inquilino o su cónyuge. Pero cuando veinte años después no daban ni para el IBI, aquello fue la ruina de la propiedad. Hasta los hijos holgazanes de viejos supervivientes, utilizaban pisos céntricos de ciudades, como trasteros, y hasta como cubiles.

No se estilaba vincular el precio del alquiler a datos como por ejemplo el precio de la cesta de la compra media, o un porcentaje sobre los gastos de la vivienda, incluida la amortización. Aunque si así hubiera sido, me temo, que la incesante actividad intrigante, habría encontrado el modo de perjudicar a quien no fuere afín.

Qué decir de recabar datos mediante cartas para conceder subvenciones ganaderas, en los que los pastores declaraban más cabezas de las que tenían, confiados en que cuando calculaban podría ir la inspección, podrían haber nacido nuevas crías, o podrían hacer trasiego entre rebaños de colegas distantes, no mucho. Sin reparar en que no iban por ahí los tiros, sino después, cuando se volvían a recabar datos para impuestos u obligaciones sanitarias, y entonces declaraban muchas menos. Y a resultas de todo ello, lo que no pagaban en sanciones, se les exigía por efectos retroactivos, y si hiciera falta, legislando que tales fraudes no prescribían. Todo siguiendo cálculos previos de las administraciones públicas y afines. Y si hiciera falta, considerando exigible lo que antes no lo era.

Este asunto de dejar de pagar el impuesto de actos jurídicos documentados, e incluso reclamar lo pagado en el pasado, cuando se contrató libre y voluntariamente, sin engaño, no es justo.

Luego, como en el caso de las ovejas, pueden hacer lo mismo pero al contrario. Y desde luego, el negocio bancario no busca la quiebra, y entendiendo que la competencia ajusta los precios, un gasto extraordinario, reclamará otro ingreso, y aún sería peor si la actividad bancaria desapareciera, a falta de solidaridad y cooperación efectiva y universal, al menos a nivel de país.

Y luego, busca, compara y si encuentra algo mejor, ¡cómprelo! Ahí tienes el Brexit, el “divorcio” le va a costar a quienes lo promueven, cincuenta mil millones de euros, por el pago de deudas pendientes. Sin embargo quienes promueven el divorcio, roban, no solo no pagan lo que han obtenido sin contraprestación. Ya no digamos, quebrar la convivencia, y procurar el subdesarrollo a las proles, para que no dejen de cometer injusticias que beneficien a otras. Falta esa coletilla: El divorcio en ningún caso supondrá robar.

Oscuro y Lucientes. Documental sobre Goya. Disfruten de él.

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