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Jesús Moreda

Vamos a contar mentiras

Según el refranero español “al decir las verdades se pierden la amistades”. La Verdad  nos hace libres, así reza el evangelio de san Juan; pero la verdad también ofende, molesta y supone un impedimento para la consecución de determinados fines. Para esquivarla, se recurre a la censura y a la mentira que para Lenin era un arma revolucionaria. En el polo opuesto del espectro ideológico –al fin y al cabo, los extremos se tocan- Göebbels, ministro de propaganda de Hitler, sostenía que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Pero peor que la mentira es una verdad a medias. De la mentira se puede demostrar su falsedad; de la verdad a medias, no. Una verdad sacada de su contexto puede dar una visión   completamente contraria a la realidad y parecer mucho más reprobable que una mentira.

Todos los partidos, de una manera o de otra, aspiran a mangonear –aunque algunos más descaradamente que otros- los medios de comunicación y, en especial, la televisión,  principal instrumento de propaganda y manipulación sobre las masas. No debe de  extrañar, pues, que Pablo Iglesias, líder de Podemos, para apoyar la investidura de Pedro Sánchez a la Presidencia de Gobierno tras las elecciones de 2015, exigiese el control de la televisión estatal lo que ha conseguido tras la moción de censura de la pasada primavera contra Rajoy.

La creación de cadenas de televisión y de radio no es libre, como sucede en otros países, pues su concesión temporal depende de decisiones gubernamentales, lo cual constituye un modo de encauzar y constreñir la información según los intereses de quien ocupe el poder en cada momento.

Los medios de comunicación, el cuarto poder, difunden e interpretan los acontecimientos desde un punto de vista diferente resaltando unas noticias sobre otras o callándolas. Por ello, es necesaria la pluralidad de dichos medios y que cada ciudadano pueda elegir con libertad y criterio el que más y mejor se acople a sus convicciones e ideología. Como escribió el novelista estadounidense Philip K.

Dick: “La herramienta básica de la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras”.

 

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