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Cristina Marín

Libertad de movimientos

No he querido decir nada. Me resistía, son demasiadas veces ya. Pero creo que he de hablar alto y claro. Las mujeres queremos la libertad de movimientos que merecemos por el mero hecho de ser personas. Personas iguales al otro 50% de la Humanidad. Lo que no nos merecemos es el miedo la prudencia, el desasosiego e incluso el pánico. Solo por ser mujeres. Solo por ser libres.

Desde hace treinta años estoy acostumbrada a caminar sola por el monte. Ya de estudiante tenía que hacer trabajo de campo. Te daban una fotocopia en blanco y negro de un trozo de mapa topográfico, unos objetivos, buscabas toda la información posible y con tu brújula, tu martillo, tu vara de Jacob y un bocata en la mochila, te ibas para el monte. De móviles, ni hablamos.

Durante todo este tiempo he seguido yendo sola a trabajar. Sin miedo. Sin plantearme el tener miedo. Tal vez porque desde pequeña he tenido una comunión especial con el campo. Tal vez porque no concibo que otra profesional igual que yo, pero en cualquier otro ámbito laboral debiera tenerlo por el mero hecho de desarrollar su trabajo en soledad. Tal vez porque tampoco lo concibo de mis compañeros geólogos hombres.

Pero es que, además, yo soy una geóloga geófila. Amo la tierra, amo andar por el monte, ver paisaje, sentir el olor, el calor o el frío lo mismo me da que sea del Fortanete, que de Aliaga, Utrillas, Caspe o los Monegros. O incluso sitios tan dispares como Las Bardenas, el Campo de Belchite o la Sierra de Guara. O más allá, en la parte leonesa de los Picos de Europa. En todas partes he trabajado sola, buscando canteras, prospectando yacimientos o describiendo el terreno. En todas partes me he sentido bien, a gusto conmigo misma y con el entorno. Sin mayores prevenciones que no meterme en un barrizal con el coche, ni caerme por ningún barranco o torcerme siquiera un tobillo para poder volver a casa sana y salva.

Pero no, está visto que no. Que ir sola al monte es una temeridad, que el día menos pensado te sale un desalmado que no te ve como una profesional que está trabajando, ni siquiera como una persona, sino como un mero objeto para cubrir sus instintos. Que morimos por hacer algo tan normal como andar en la Naturaleza.

Ya vale. Ya está bien, Ya basta de miedo. Ya basta de morir por ser mujer. Queremos libertad de movimientos. Queremos vivir.

Geóloga/petróloga especialista en restauración.

 

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