Banner

J!Analytics

Buscar columnistas

Jesús Moreda

De troncos y ramas

Hace unos años, por Navidad, en la plaza de España de Alcañiz, donde hoy está la farola, se plantaba un tubo hueco de metal donde se iban injertando ramas de pino. De este modo, se daba la sensación de árbol y se evitaba talar uno. Pero esa sensación persistía el tiempo de las fiestas y las ramas acababan secándose a falta de savia vivificadora.

Algo parecido sucede con la educación. Se divide en numerosas ramas: educación vial, educación sexual, educación para la paz, educación para la ciudadanía y un largo etcétera que vamos clavando en un tronco seco. Y claro, estas ramas, sin savia que las alimente, duran, como se dice popularmente, menos que un caramelo en la puerta de un colegio; nunca más apropiada la expresión. Si queremos que las ramas de la educación crezcan frondosas hemos de cuidar el árbol del que brotan. Hagamos hincapié en la educación a secas, infundamos principios y el resto resultará fácil de conseguir.

La educación no es solo la transmisión de conocimientos. La RAE la define también como la “formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen”. La educación y la convivencia se basan en el respeto, que no quiere decir sumisión, como algunos han confundido; respeto que se debe tanto a las personas como a cuanto nos rodea. Respeto que va desapareciendo a pasos agigantados consecuencia de la pérdida de valores, como avisan los expertos. Educar no es tarea fácil; supone un esfuerzo que muchos padres no están dispuestos a asumir y la delegan en la escuela. Pero luego, niegan cualquier autoridad a los docentes que pintamos menos que un cero a la izquierda.

Si educamos a nuestros niños y jóvenes en la convicción de que su voluntad y caprichos no tienen límites, de que su sí es sí, si les inculcamos que siempre tienen razón y les hacemos creer que la vida es fácil y no requiere esfuerzo, que es un camino de rosas sin espinas, crecerán impregnados de egoísmo y considerándose con derecho a todo so pena de resultar dañada su autoestima y en riesgo de quedar traumatizados. Al fin y al cabo, la educación es el traje con el que vestimos nuestra irracionalidad.

 

Compartir

 

-