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Gonzalo Villa
Martes, 15 de Enero de 2019 00:00

Batallador

Me he quedado de piedra, como la estatua de Alfonso I, el batallador, del parque grande de Zaragoza. Hoy me he enterado de que gustaba de la compañía de hombres, que era homosexual.

Se casó, sí, con Urraca del reino de León, con la que no tuvo hijos, ni aunque se hubiera infiltrado algún balleno (dicen los biólogos marinos que tienen la costumbre de copular con la hembra, con la intención de expulsar el semen de amantes anteriores, introduciendo el suyo) Total, que la maltrataba. Eso dicen historiadores. Pues date que en no teniendo hijos (ni cabeza para adoptar o urdir como allegar algunos, bien dispuestos, como hijas de saharauis a las que sus padres confían a familias peninsulares, desde la niñez, que bajo la figura de acogimiento o adopción, o lo que sea, ejercen de padres protectores y procuradores de formación y civismo, las niñas les tratan de papá y mamá, y tía, y lo demás, y suelen lograr estudios universitarios, una personalidad admirable, y sin renegar de sus progenitores, con los que tratan con asiduidad, no como las divorciadas y arrimados, que arruinan la vida de las proles, inyectándoles un repertorio plagado de hostilidad y virulencia) los maños, transgrediendo la normativa vigente, acudieron a su hermano Ramiro II, el monje, y que como monje no podía ser rey, para que fuera rey, y lo hicieron. Y luego pasó lo de la campana de Huesca. Oye, como los de Gante (Bélgica), que presumen de testarudos, obstinados, tozudos, contumaces, tercos y pertinaces, que no olvidan como les maltrataba Carlos I de España, por no pagar los impuestos confiscatorios de su majestad, obligándoles a ir por las calles con una camisola en pleno invierno. Y esta Urraca no era la reina enterrada en el panteón de los reyes de San Isidoro, en León, sino su sobrina. El caso es que en San Isidoro existe un cáliz, que fue considerado el santo grial, y que perteneció a la Urraca, tía de la esposa de Alfonso I, el batallador. Y todo esto, por aquello de que todo se pega, menos la hermosura. De aquellos polvos, estos lodos. Y dime con quién andas y te diré quién eres. Cuando se pega hasta el acento, se pegan los dichos, las palabras que se usan y las concatenaciones resultantes, y no otras.

Un par de lecturas muy interesantes: “Batallador” de José Luis Corral y su hijo Alejandro, editorial Doce Robles. Y “Un tuitero enamorado” de Luis Larrodera; los haikus son palabrería al lado de tus tweets.

Y una frase a lo Yoda: Si hay familia, hay honor. Si hay honor, hay palabra. Y si hay palabra, hay paz. (Pájaros de verano)

 

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