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Jesús Moreda

Violencias

Hace unas semanas, apareció en facebook una publicación con un lazo negro y, debajo, la frase “Contra la violencia”; y alguien comentó: “¿Violencia contra quien?”. Se está dando la impresión de que hay distintos tipos de violencias. Unas, claramente condenables y otras que no lo son tanto o que son, simplemente, muestra de la libertad de expresión; así calificó la alcaldesa de Barcelona la violencia ejercida por la CUP. O, incluso, que son aconsejables, como las manifestaciones convocadas por una formación de extrema izquierda contra el resultado de unas elecciones democráticas en las que un partido de extrema derecha ha sido respaldado por una importante suma de sufragios. Como era de esperar, las protestas desembocaron en numerosos actos violentos. Lo que deberían haber hecho todos los partidos es sentarse a reflexionar en qué se han equivocado o qué han hecho mal para que tantos descontentos hayan desembarcado en la orilla opuesta. Pero esperar de los políticos un ejercicio de autocrítica es pedir peras al olmo.
En mi anterior escrito hacía referencia al tronco y las ramas en alusión a la educación. El mismo símil puede aplicarse a la violencia. Esta tiene multitud de brotes. El podar uno solo sirve para que los demás crezcan con más fuerza. Se está creando una sociedad cada vez más crispada e intransigente. Únicamente hay que ver cuánto descerebrado pulula por las redes sociales. Si estamos sembrando vientos es “lógico” que recojamos tempestades y que esta agresividad se patentice y explote de algún modo; si no lo es contra las mujeres, lo será contra los mayores, contra los niños, contra quienes piensan diferente o contra los animales. Todos podemos ser víctimas de atropellos aunque estos casos no son noticia ni de ellos se publican estadísticas. Si se justifica o disculpa algún tipo de violencia, cualquier perturbado encontrará razones o se inventará excusas para ejercerla a su arbitrio. Talemos el árbol y erradiquemos la violencia y la intolerancia de la sociedad fomentando la convivencia basada en el respeto a los otros. Si se seca el tronco, se secarán las ramas.

 

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