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Cristina Marín

Flor de estufa

Decía un amigo topógrafo una tarde de julio en cualquier obra de este Aragón, mientras sudábamos el agua según la íbamos bebiendo, que sus compañeros de oficina eran “flores de estufa”; se habían acostumbrado a su zona de confort entre los 21 y los 24 ºC todo el año con su calefacción o aire acondicionado, según tocara, y no sabían ya lo que era el frío o el calor.
Algo así le debe de estar pasando a la sociedad entera instalada en un rango estrechísimo de temperatura entre su casa, el coche y la oficina. Y, claro, llega enero, y hace frío, que es lo normal. Pero saltan las alertas de ola polar, nieve o viento. Que está muy bien avisar a la gente, a esas flores de estufa que, en un traspiés evolutivo extraño, han perdido su capacidad de adaptación a las circunstancias adversas y, sobre todo, de reacción. Y hay que decirles que se abriguen, que se pongan buen calzado, que lo mejor es sofá y mantita, una serie de recomendaciones, en fin, que a veces pienso que a las autoridades de Protección Civil se les debe de caer la cara de vergüenza ajena de tan obvias que son. Pero como somos lerdos para unas cosas pero muy espabilados para otras, si no avisas y luego te resbalas y te rompes una pierna, te demandan por no haber advertido de que en enero es invierno en estas latitudes del Hemisferio Norte.
Hace días circulaba un meme que venía a decir eso, que lo que ahora llamamos una ola de frío en enero es lo que antes llamábamos invierno. Y es así… O ya no. En nuestro más o menos largo recorrido vital podemos recordar perfectamente heladas nocturnas que arrasaban incipientes cosechas, cencelladas que duraban hasta bien entrada la mañana, nieblas que no te dejaban ver a tres metros, ríos helados convertidos en inciertas pistas de patinaje o nevadas persistentes en las zonas altas, con un mercurio incapaz de remontar el cero del termómetro. Como ejemplo, el escultor alcañizano Francisco Rallo Lahoz, tardó una semana en conocer a su segundo hijo, nacido a finales de marzo, porque estaba trabajando en el Retablo Mayor de la iglesia parroquial de Fortanete y se quedó aislado sin poder bajar a Zaragoza durante todo ese tiempo. Era lo normal.
Tal vez el asombro venga de la falta de costumbre, de que además de nuestra temperatura de confort, nos hemos acomodado en unos inviernos menos fríos, y ya no nos acordamos de esto. Repasando los valores climatológicos existentes para la estación del Aeropuerto de Zaragoza, una de las de más amplio registro, en 45 años, desde 1973 hasta 2018, la temperatura media ha aumentado casi dos grados, pasando de medias en torno a 14ºC en los setenta a 15,8ºC en 2018. La temperatura media en todo este periodo ha sido de 14,97ºC, pero desde 1986 casi todos los años excepto tres, ha estado por encima (https://www.tutiempo.net/clima/ws-81600.html).
En 1989, hace treinta años, nuestro profesor de Hidrogeología, Javier Martínez Gil, ya nos hablaba en aquel momento de este fenómeno del cambio climático; ya era un hecho evidente, y no un riesgo, y sin embargo, se sigue negando en algunos ámbitos políticos de relevancia internacional. Las flores de estufa han tomado el poder y –en este aspecto también- han perdido el contacto con la realidad.
Geóloga/petróloga especialista en restauración.


El apartado de inversiones reales suma 3,6 millones. La partida mayor es la de personal, con cerca de 6 millones de euros. Entre los ingresos, cerca de 6 millones proceden de impuestos directos.

Entre los gastos, 829.444,47 euros son para deuda pública. Para fomento del empleo hay 86.156,08 euros; para promoción cultural, 672.505,40 euros, para fiestas populares y festejos, 410.500 euros, para “publicidad y propaganda” y publicidad en “diarios oficiales” hay 85.000 euros.

Ciudadanos argumentó que no se aceptaron propuestas suyas como la creación de un parking bajo el parque infantil de la avenida Aragón, el arreglo de la plaza del Deán o la creación de otra zona deportiva en la margen izquierda del río.

El PSOE reprochó al equipo de Gobierno (PP-PAR) escaso interés en las propuestas de la oposición para los presupuestos, que se trata de unos presupuestos de proyectos pero no de inversiones, que está pendiente la devolución de la deuda de Aquagest, que no consta en los gastos, o que no hay nada previsto para el edificio del Casino. Además lamentó el rechazo de su propuesta de 220.000 euros para crear un fondo de contingencia por si las reclamaciones y demandas de los afectados por el derrumbe del cerro pudiesen implicar al Ayuntamiento.

Ganar había propuesto destinar dinero para igualdad, atención a personas necesitadas, el arreglo del casco antiguo o un estudio para la creación de una residencia para mayores, entre otras enmiendas. Ninguna fue aprobada. La sensación del grupo, indicó, es “que todo nuestro trabajo ha sido tirado a la basura”, siendo enmiendas, dijo, de fácil ejecución.

 

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