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Gonzalo Villa
Martes, 05 de Febrero de 2019 00:00

Están verdes

Ya recordamos la fábula de la zorra y las uvas. Cómo no podía alcanzarlas, dijo que no le apetecían, porque estaban verdes.
¿Qué moraleja podemos extraer de quienes censuran lo siguiente?
Aplicación del principio del progenitor más generoso en la adjudicación de la custodia sea factor determinante la capacidad y actitud que cada uno muestre para favorecer el contacto significativo y continuo con el otro progenitor.
Garantizar el ejercicio de la patria potestad compartida. Proponemos una normativa de ámbito estatal que coordine el ejercicio de la patria potestad en todo el Estado y prevea medidas preventivas para impedir el secuestro del / la menor.
Garantizar el derecho del/la menor a relacionarse con sus abuelos/as y familia extensa.
Pues que quienes no están de acuerdo con ello, es porque no pueden alcanzar la decencia, por mucho que hayan utilizado la palabrita para conseguir el poder. Más bien son rehenes de faltos de higiene mental, porque acumulan trapos sucios a lo síndrome de Diógenes, y no ven como asearse, enganchados sin solución.
Y Santiago Posteguillo nos enseña en su “Yo, Julia” a lo que conduce rodearse de codiciosos oportunistas, sin las más mínimas nociones de  justicia económica y social, envenenamientos, estrangulamientos, asesinatos, magnicidios a barullo, que al que no matan a los 87 días, lo hacen a los 43. Emperadores que se autoproclamaban, y no tenían mejor ocurrencia que acudir a Roma con sus legiones para asesinar. No me extraña que no tardase en llegar la caída del imperio romano.
Sin embargo, no puedo menos que alabar a Fernando Sánchez Dragó, por su novela “El camino del corazón” que no sólo le trajo el amor de la madre de su último hijo, sino que nos ofrece unas lecciones de humanidad oriental, correrías y goces tántricos,  que también disfrutamos con Slumdog Millionaire (2008) entonces, ahora y siempre.
Latika.- Volviste a buscarme.
Jamal.- Pues claro.
Latika.- Creía que me habrías olvidado.
Jamal.- Jamás te olvidé, ni por un momento. Sabía que acabaría por encontrarte. Es nuestro destino.
Y después de muchas calamidades, pudieron disfrutar juntos, porque nunca rompieron sus vínculos y afectos. Y él no la besó con lujuria, sino con compasión, depositando un beso en la cicatriz que los violentos le hicieron.

 

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