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Jesús Moreda

Venezuela

Allá por el año 1991, con unos amigos, visité Venezuela. Con mi sueldo de profesor, podía comportarme como rico pues el nivel de vida era la mitad que el de España. Un restaurante de lujo costaba lo que aquí uno de calidad media. Tuve que adquirir otra maleta para poder traer todas mis compras. Allí probé por primera vez los mangos, fruta entonces desconocida por estos lares. Caracas era una ciudad de enormes contrastes. Junto a los lujosos edificios que conocíamos por los culebrones televisivos que, a la sazón, hacían furor en nuestro país, se alzaban colinas ocupadas enteramente por chabolas. La gente establecida en ellas tomaba la luz y el agua de la conducción general y a subsistir. El modo de vida de la clase media, muy americanizada, no se diferenciaba mucho del de aquí. En uno de nuestros viajes por el interior, para tomar una chalana  que nos trasladase al otro lado del río Orinoco, nos detuvimos en un pueblo todo de hojalata. Se nos cayó el alma a los pies. Nunca habíamos visto tanta miseria. Por el contrario, las zonas turísticas de la capital o Canaima, donde se encuentra el salto de Ángel, la cascada más alta del mundo, o isla Margarita, puesta de moda para las lunas de miel, ofrecían toda clase de confort.
La inseguridad ya era grande. En los pisos habían tenido que colocar rejas delante de las puertas de madera además de en la ventanas y, si llamabas al portero automático, debían bajar a abrirte en persona. Igualmente, la corrupción era galopante. Recuerdo que a nuestra llegada se había producido un asesinato de un personaje importante a quien habían disparado por la espalda y el juez sentenció que se trataba de un suicidio. Gobernaba entonces Carlos Andrés Pérez, miembro de la Internacional Socialista y, según las malas lenguas, testaferro de Felipe González. De hecho, un tiempo después, Carlos Andrés Pérez fue depuesto por corrupción. Contra este, Hugo Chávez, aquel “demócrata con agallas” como lo calificó Pablo Iglesias, intentó un golpe de estado que fracasó. Muchos españoles que habían emigrado en los años duros de la postguerra, se estaban planteando regresar a España dada la situación del país.
En 1998, cuando Chávez es elegido Presidente, Venezuela figuraba como el segundo país más rico de Latinoamérica. Hoy día se encuentra entre los siete más pobres de la región. Cómo puede ser que, en muy pocos años, una nación poseedora de las segundas reservas de petróleo mundiales y con inmensas posibilidades de desarrollo esté padeciendo desabastecimiento y hambre, con una hiperinflación que supera el 43.000 % y con el éxodo de la décima parte de la población, cuatro millones de personas, aparte de convertirse en uno de las más violentas del planeta. Es de suponer que los gobiernos comunistas algo habrán tenido que ver.

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