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Gonzalo Villa
Lunes, 18 de Febrero de 2019 00:00

Las calderas de Pedro Botero

Paco León en la Resistencia, habla de las multas de Hacienda por las ingenierías financieras de los gestores, y al que ahora confía sus impuestos, le indica que no invente, que no sea creativo, que aplique la fórmula por la que más se pague, que añada más dinero en evitación de interpretaciones posteriores, y sume otra cantidad, a modo de regalo con lacito, y una tarjeta que ponga: “Para España, con amor” sin preocuparse de recibir justificación de que tales cantidades se hayan destinado, en efecto, a paliar las necesidades de quienes merecen las ayudas públicas. Entendía que Màxim Huerta  no pudo seguir siendo ministro porque estaba pleiteando con la Agencia tributaria, pero que él sí podría serlo, porque no había pleiteado, pagó y punto. Indicó que los gestores de esas ingenierías fiscales, de pobres infelices tenían poco, que Wert le parecía un tipo oscuro, siniestro, malvado, y que en su actual residencia en París, le veía más como el jorobado de Nôtre Dame, en su forma de moverse. Ya están en el SEPE dispuestos a robarle, no se puede tolerar la denuncia de maltratos, abusos y violencia de género gremial.
Desirée Vila Bargiela, un millón y medio de indemnización por una negligencia médica al operar una rotura de tibia y peroné, que sufrió practicando gimnasia acrobática,  y que desembocó en la amputación de la pierna derecha. Cuantas cabezas estarán diciendo: “Vamos a ver Manuel, estamos muy faltas, y tú no quieres la pierna para nada, hazlo por tus hijas, que no dejaremos de dar con alguna médica negligente”
La conjura de las colocadas para robar, extorsionar y tramar contra quienes evidencian las corrupciones a las que se dedican. Descubren el silencio administrativo. La desatención flagrante. La interpretación perversa. La connivencia con los colegas del sistema judicial, con las de la agencia tributaria. En fin, con todo el entramado de mangantes colocadas y atraídas por esas argucias y compadreos que permiten leyes poco trabajadas para el progreso y la erradicación de la tiranía, que en su excesiva maraña, permiten abusos e injusticias, a las que se terminan por acostumbrar, mientras languidecen sumando torpezas y desatinos en ese proceso endogámico, en el que pasar por clínicas y hospitales, es más cotidiano que comer y evacuar.


 

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