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Joaquín Galindo

Patria

La patria de esta columna de opinión no es la adinerada patria vasca de la premiada novela de Aramburu. Ésta es territorialmente poco significativa, apenas la mitad de nuestra provincia de Teruel. Tampoco es la  patria de esta columna, aquella adinerada república que nunca fue, en el noreste de la península Ibérica. Nosotros habitamos una yerma tierra al sur de los Pirineos Centrales, en un territorio mucho más extenso que aquella no república sin presidente. Soñamos que nuestra patria sea Europa, hasta los Urales, la que nos trajo la política agraria comunitaria y los fondos europeos abonados por franceses y alemanes. Hoy, constitucional, política y jurídicamente nuestra patria es España, una Nación que se forjó alimentando a los nacionalismos citados y a las grandes urbes.

Ahora interesa el interior de esa nación habitada por nuestros vecinos leoneses, zamoranos, palentinos, abulenses, segovianos, conquenses, guadalajareños, sorianos, riojanos, turolenses, oscenses -sin duda-, al noroeste orensanos y lucenses, y al sur jienenses; alejados de la costa y de las grandes ciudades. Esta semana, una meteorología adversa, ha aflorado serios problemas para quince millones de españoles que respiran un aire que la Unión Europea considera insalubre, contaminado por dióxido de nitrógeno, partículas u ozono por encima de los límites considerados seguros, partículas no emitidas por una central térmica en el desierto, sino por  tubos de escape.

Afectadas 26 ciudades, fundamentalmente las áreas urbanas de Madrid, Barcelona, Murcia, Valladolid, el triángulo asturiano, las tres capitales vascas, las ciudades del litoral mediterráneo, y en el sur Sevilla, Córdoba y Granada. Algunas voces autorizadas, quizá Del Molino o Llamazares, han opinado que los problemas de lo rural, sólo tendrán solución cuando lo urbano tenga los suyos. No se trata de enfrentar a la España densamente poblada con la España vaciada. Todo lo contrario.

Quienes habitamos el medio rural estamos llamados a ser la solución de nuestros vecinos de la España periférica y del área metropolitana de Madrid. Es sencillo. La Patria Interior (en la Serranía Celtibérica la densidad de población media no llega a 8 habitantes por km2) puede integrar a las patrias periféricas (en Hospitalet de Llobregat viven más de 53.000 personas por km2), tornando del revés los últimos cien años de nuestra historia, vertebrando esa “España vacía, ese país que nunca fue” y dirigiendo desde el Estado los flujos de población desde esa España urbana a la vaciada.     

 

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