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Pilar Batanero

Señor Casado:

Que un hombre me tenga que contar lo que llevo dentro cuando estoy embarazada es de chiste. Hasta donde yo sé, las hembras de los mamíferos son las únicas que llevan en el vientre a sus hijos y los paren. Lo que sentimos y como nos afecta sólo las mujeres que han estado embarazas alguna vez pueden haberlo sentido. Y léase bien que he dicho embarazadas, no que hayan parido, porque a veces los embarazos no acaban en parto, como de todos es sabido.

Siguen pensando que somos menores de edad para casi todo, por eso tenemos que estar tuteladas por los hombres que son los que mejor saben las cosas, como por ejemplo, entienden perfectamente que, embarazada, te levantes con un cuerpo de jota y te pases dos horas con la cabeza metida en la taza del water, y el resto del día tengas el estómago revuelto, o... espera... no, que te dicen que eso son manías y que no tiene nada que ver con la revolución de hormonas que tenemos.

Y saben también los hombres que la primera vez que sentimos dentro a nuestro hijo, como una culebrilla corriendo, me decía mi madre, casi lloramos de la emoción, y a pesar de que no nos vemos los pies y si los vemos están deformados por la hinchazón, estamos felices y pletóricas.

Todo esto nos lo ha de contar un hombre.

También parece que nos ha de contar que cuando sabemos que nuestro futuro hijo no se está desarrollando bien, el dolor insoportable que sentimos y la determinación que hemos de tomar (de acuerdo con el padre, pero sobre todo con nosotras mismas) es lo peor que tendremos que decidir en nuestra vida.

Pero todo esto nos lo ha de explicar un hombre, el señor casado, que nos anima a tener muchos hijos para pagar pensiones, como si fuéramos máquinas expendedoras de refrescos para apagar la sed.

Mire, en el reparto de cerebros estamos al 50% aproximadamente, la mitad para los hombres y la mitad para las mujeres así que no necesitamos que nadie piense por nosotras ni nos explique lo que sólo nosotras podemos sentir y saber.

Recuerdo que cuando tuve a mi hijo en la cama de al lado había una señora a la que fue a visitar su cuñado. Había estado por la mañana ya y en ese momento yo estaba en plena dilatación.

Cuando vino por la tarde me preguntó que había sido, le dije que chico, y no dudo que con todo el cariño del mundo me comentó: "ya la he visto esta mañana apurada ya... yo ya sé lo que es eso, mi mujer ha tenido tres..."  Justo, el lo sabía porque su mujer había tenido tres hijos, vamos que lo mismo es parir que verlo...




 

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