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Joaquín Carbonell

 

Es de Alloza. Siempre se ha mostrado orgulloso de ser bajoaragonés. Además de ser cantautor, trabaja como periodista en el Periódico de Aragón, escribe libros y colabora en el programa de Radio Nacional “No es un día cualquiera”.  Diversas canciones suyas forman parte de la historia de la Transición, cuando actuaba junto a la Bullonera, Tomás Bosque o Labordeta.
Las letras de Joaquín Carbonell hablan de la sociedad con ingenio, humor e ironía.

¿Pueden las canciones transformar la sociedad?
No, las canciones no transforman nada, pero pueden crear un cierto caldo de cultivo. Si abundan las canciones con un tono poético, la sociedad mejora.
 
¿Qué te movió a cantar tus ideas?
En principio el gusto por cantar, que lo tenía de muy jovencito. Y más tarde el ambiente; estudié en Teruel, donde tuve como profesores a personajes tan determinantes como Labordeta, Eloy Fernández Clemente o José Sanchis. Ellos me inculcaron que dirigiera la canción hacia una reivindicación aragonesa.
 
¿Es mejor hablar con ironía que hacerlo de manera directa? ¿Qué ventajas tiene?
Es que no sé hablar de otra manera. El humor no se aprende, se tiene o no se tiene. Todo lo que hago lo paso por el tamiz de la ironía, como una manera higiénica y saludable de estar en el mundo, sin que te cause muchas heridas. El humor te defiende contra la estupidez.
 
¿Qué valor tuvieron tus canciones durante la Transición y qué valor tienen aquellas mismas canciones actualmente?
Tuvieron el valor de poner en música el pensamiento generalizado. Era un apoyo a tanta gente que necesitaba mostrar que querían vivir de una forma más democrática y moderna. Ahora los cantautores solemos reflejar más nuestra propia mirada personal sobre el mundo, ofreciendo otro tipo de valores.
 
¿Qué te parece el momento social actual?
Me parece desconcertante, demasiado nervioso. Estamos muy supeditados a los medios de comunicación, especialmente a la televisión, y muy vinculados a las nuevas tecnologías. Eso nos resta tiempo para nosotros, para vivir más serenos, para pensar. Creo que atravesamos una etapa de transición que no sabemos adonde nos lleva.
 
¿Ahora sobre qué cantas? (No vale responder “sobre el escenario”).
Sobre mis propias vivencias. Ahora es lo individual lo que prima, cuando antaño fuimos voz de movimientos globales y sociales. Pero sigo utilizando la duda, la pregunta, la desconfianza sobre todas las cosas que me rodean.
 
¿Te parecen conformistas los jóvenes de hoy en día?
Me parece que no les hacemos ningún favor sumergiéndoles en este exceso de cosas, de productos, de aparatos, de cacharros. Lo tienen todo al alcance de la mano y desconocen el valor de las cosas…
 
¿Es la poesía un arma cargada de futuro?
Sin duda y siempre. Es en realidad la única arma que nos queda. La poesía con todo lo que significa: la poesía es rebelión, inconformismo, pureza, amor, individualismo. Es originalidad, en este mundo globalizado donde todos consumimos lo mismo a la misma hora.
 
¿Y el humor, es importante?
No, el humor es imprescindible. Con mi compañero Roberto Miranda hemos publicado ya tres libros sobre Aragón desde un prisma de humor. Estamos ya trabajando en el cuarto.

 

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