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Eduardo Navarro. Maestro de payasos

Eduardo Navarro es actor y profesor de la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León. La semana pasada impartió un taller,en el Circo Badín de Foz Calanda, para enseñar a sus alumnos a ser payasos o “clowns”, que parece que lo inglés suena mejor.
“El dulce arte de la idiotez” es como Eduardo llamó a este curso que puso la nariz roja a aprendices desvergonzados.


¿Qué tiene de dulce y de artístico la idiotez?

(Risas) Bueno, de dulce, que para mí es muy humano y muy entrañable ver a alguien en un escenario que muestra su aspecto más ridículo o más idiota y que, con toda honestidad juega con ello y, lo más importante, hace reír a los demás. Y eso me parece que es dulce.
Y artístico, que cuando uno lo prueba se da cuenta de que es muy difícil hacer reír a la gente y que necesita entrenarlo y estudiarlo y ver cuáles son las herramientas y recursos que necesita para que eso tenga una dimensión más allá de lo cotidiano y llegue a un lugar de excelencia artística, lo cual es complicado a veces.

¿Es necesario perder el sentido del ridículo para ser profesional del clown?
Lo que tiene que ocurrir es que te guste mucho, que te de placer jugar con tus aspectos ridículos. Conocerlos para luego poderlos explotar desde un lugar lúdico, para jugar con ellos. El clown es un tipo que todo su placer es estar con el público, hacerle reír, encontrar el juego en todo... y, a veces, eso le lleva a lugares un poco insospechados. A veces rebeldes, subversivos, caóticos, anárquicos... y siempre está el ridículo rondando por ahí. Pero es un sentido del ridículo no peyorativo. Cuando nos vemos en situaciones en las que decimos “tierra trágame”, eso visto desde fuera y amplificado tiene mucha gracia. Y como todos lo vivimos, pues al verlo en espejo en un escenario decimos “ah, como yo” y nos hace gracia. El clown disfruta jugando con eso.

¿A qué tipo de público va dirigido el clown?
A todo el mundo. El clown es para todos. Luego, dependiendo de las compañías o del tipo de espectáculos, hay unos que se orientan más hacia los niños, otros hacia los jóvenes, otros hacia los adultos, hay otros que son para todos. Todo el mundo tiene ganas de reír y de jugar con el sentido del humor.

Hay muchos payasos distintos, pero todos o casi todos respiran por la misma nariz. ¿Qué papel juega la nariz roja?
La nariz roja es una amplificación de un grano en la nariz. Esto nos ha pasado a todos, tienes una fiesta o una boda y, justo ese día, te sale un grano en la punta de la nariz, y dices “Dios mío, voy a parecer el más idiota de la fiesta”. Pues este es el clown, el que va a la fiesta contentísimo, con una sonrisa de oreja a oreja y con un grano en la nariz muy grande. Lo que hace la nariz roja es amplificar ese aspecto ridículo. Y no pone ni quita nada a la persona, quiero decir que la nariz no es alegre, no es triste, no es rabiosa, sino que a través de la nariz podemos ver que la persona que se la pone está contenta, alegre o triste. La nariz en sí no pone ni quita. Algunos pedagogos hablan de que la nariz roja es la máscara neutra más pequeña del mundo. Y por máscara neutra entendemos algo que realmente es neutro, que el actor se la pone simplemente y no pone ni quita nada, simplemente está con ella. Lo que sí creo que hace es que al ponértela, genera un poco de desconcierto. Es más para el público que para el que se la pone. El público ve a alguien que no sabe muy bien dónde está. Ese punto de desconcierto, de no saber, es muy bueno para el clown y muy gracioso para el público.

¿Para ser un buen actor hay que conocer bien al público?
Si, indudablemente. El público es el que mide la temperatura del espectáculo y tú como actor tienes que desarrollar una sensibilidad muy grande para escuchar cómo viene el público. Yo tenía un profesor que nos decía que cuando tú llegas al teatro y te preparas, tienes que estar un tiempo entre cajas escuchando el rumor ¿cómo entra el público hoy? ¿es un público que hace mucho ruido, que hace poco? ¿es silencioso, respetuoso? ¿es joven, es viejo?  ¿hay mezcla de todo?. Incluso cosas que parecen prohibidas, como mirar por entre el telón... todo esto es importante porque el actor tiene que saber con quién se juega los cuartos. Y luego, durante el espectáculo, hay que mantener un sexto sentido, hay que escuchar el ritmo del público ¿está conmigo? ¿está siguiendo la historia?  ¿Voy yo mucho más deprisa que él? ¿Voy más lento? ¿Cuál es el ritmo compartido del espectáculo? Y en ese puente que hay de tiempo compartido surge el tiempo presente entre el público y el actor.  Y el clown es muy bueno para entrenar esto porque tiene que estar siempre en contacto con el público. Si desconecta del público se cae el espectáculo. Para los actores en general, es un entrenamiento muy útil y válido.

¿Qué pasa si el público no reacciona como el payaso esperaba? ¿Hace realmente el payaso?
(Risas) El “flop” es un término inglés que significa literalmente “fracaso”. Todos fracasamos en la vida. Todos fracasamos en cosas que emprendemos. El clown utiliza el fracaso también para hacer reír. El clown es el que prueba una y otra vez hacer reír a alguien y si no funciona se inventa otra cosa. Tiene que aceptar el fracaso “esto no ha funcionado, no debería haberlo hecho”, “lo que he hecho ha sido estúpido, perdónenme ustedes, no lo volveré a hacer, pero se me ha ocurrido esta otra cosa...” Y prueba otra cosa. Si el público detecta que el actor que está sobre el escenario no es honesto con lo que le sucede, entonces no lo quiere, el público no es tonto. Cuando un clown hace una gracia y no funciona, el público quiere ver la reacción honesta de “la he cagado, perdónenme ustedes, he sido el más tonto del mundo, disculpen, voy a ver si hago otra cosa mejor”. Pero si el actor no reconoce su fracaso, el público dice “ay, ay, ay, no me lo creo y, si no me lo creo, no quiero estar contigo”.

¿Aunque uno no vaya a dedicarse al teatro es recomendable asistir a un taller de clown?
Desde mi punto de vista si. Vivir con sentido del humor me parece importante. Creo que aligera la vida. A veces hablamos del destino y de los objetivos que tenemos en la vida o de las metas. Y hay algo del clown realmente subversivo, y es que el clown no hace las cosas por nada trascendente, sólo para hacer reír y esto parece una tontería. Yo descubro que debajo de esa búsqueda por encontrar el sentido del humor del público y de hacer reír, hay algo trascendente. Creo que nos volvemos mejores personas, más humanas. Y reconocer esto es bastante útil. Luego, como terapia personal, creo que es maravilloso. El clown encuentra el juego en todo y eso es lo que utiliza para hacer reír. Yo creo que estamos diseñados para aprender jugando. El aprendizaje no se acaba cuando obtienes tu grado universitario sino cuando te vas al hoyo. Ese aprender jugando es determinante de la calidad y la cualidad con que tú vives. ¿Cuáles son los obstáculos que uno tiene cuando no puede desarrollar el sentido del juego? Igual uno en la infancia juega y luego va creciendo y pierde el sentido del juego. Desde mi punto de vista esto es así porque vivimos en un mundo un tanto hostil. Hace falta sobrevivir, la sociedad es muy competitiva y hay que luchar por los abrazos de las personas, por el cariño, por el éxito, por el triunfo. En esta sociedad estas dos últimas cosas están muy valoradas, el éxito laboral es algo que, si hoy en día no lo tienes, eres un pringao. Esto hace que se pierda la capacidad de juego y de disfrutar de la vida de otra manera. De pronto me encuentro con que soy un adulto y que sólo estoy preocupado por los resultados y no por el proceso del placer que producen las cosas. Y terapéuticamente es muy útil descubrir esto, enfrentarse con estos obstáculos, ver qué está impidiendo que yo juegue y que mi calidad de juego sea bonita. Jugar significa que necesito al otro. Hay muchos valores importantes para el desarrollo de la calidad humana.

¿Se parecen tus personajes al verdadero Eduardo Navarro?
Si, se parecen mucho. Porque el personaje, al fin y al cabo eres tú. Quien va a poner la voz, el físico, los sentimientos, la sensibilidad, su sentido del humor, su rabia, es uno mismo. Yo tenía un profesor que decía “el personaje está muy bien, pero siempre vas a resultar más interesante tú que tu personaje”. El personaje, a veces, es un pequeño disfraz que nos ayuda a despertar el juego. Yo me pongo el disfraz y de pronto encuentro que tengo mucho placer en hacer algo. Lo importante es que veamos que a través del personaje se ven los ojos del actor disfrutando y haciéndonos creer algo que es una ficción. Tienes que descubrir rasgos de ti mismo que hacen reír a la gente. Reúnes aspectos de ti que hacen gracia y consigues hacer reír con ellos. Y va apareciendo un clown pero que está compuesto de ti.

¿Hay alguna diferencia entre payaso y clown?

Payaso es la palabra con la que definimos en castellano al clown. Clown es simplemente la palabra inglesa. Pero “payaso” tiene a veces una connotación despectiva como se usa en el lenguaje cotidiano y otras veces lo asociamos al payaso de circo. El clown tiene sus orígenes en el payaso de circo pero es una figura que se extrajo del contexto del circo para aplicarla a la pedagogía del actor. Esto lo trajeron los franceses a principios del siglo XX y, desde entonces, se ha creado toda una corriente de estudio del género del payaso.

Colaboración especial de Lydie Vera

 

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