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Gonzalo Villa
Martes, 17 de Enero de 2017 00:00

El fruto

El libre albedrío, la desobediencia es lo que se protege matando en Assassin’s Creed. Un niño ve a su madre muerta con una cuchillada en el cuello, y la cuchilla en el brazo de su padre bañada en sangre. Y crece como un delincuente viendo cómo se adueña de su ser la sed de venganza parricida.

Pero la madre se suicidó, pidiendo a su marido que matase al hijo. Y el padre no lo hizo. Ya ves.

Es que con un descendiente directo de Adán y Eva, los templarios podrían localizar aquella primera manzana, y conseguir el paraíso, pero la señora era tal que prefería suicidarse y matar a su hijo. Ya ves.

Como en las muertes que analizó Jack Reacher, sólo una era la buscada, las demás fueron víctimas colaterales.

El 26 de mayo de 2003 se produjo el accidente del Yakolev 42 en Turquía, con 62 militares españoles muertos,  y 13 de la tripulación. Todos. Falsas identificaciones, reprobación moral (nada que se cuente, mida ni pese), grave perversión del funcionamiento del sistema democrático. Causas archivadas. Trapos sucios. Eran todos varones, los muertos. Llamen al 016, no deja rastro en la factura.

Conozco a un hombre que pagó una casa con su dinero, y ahora que la quiere vender, no puede, sin la autorización de quien no ha puesto ni un céntimo. Y le dice: ven a la guerra. Es el funcionamiento del sistema democrático. Llame al 016.

Y una traidora, la mano derecha de un mandamás, pidiendo a otras con potestad maltratadora, que cometan atentados y despidan a las víctimas. Y lo hacen. Hay que reforzar la indolencia, convencer de la canallería.

Ese es el fruto, manchar para encubrir y que persiga la muerte, a los justos.

 

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