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Pilar Batanero

¡Qué frío!

Es lo que se oye a todas horas, ya sea en la cola del pan, en la consulta del médico, o en el ascensor... Mucho frío que hace que salgamos a la calle lo menos posible, refugiándonos al calor de nuestras más o menos confortables casas. Detrás de los cristales vemos pasar a las personas que han tenido que salir, con prisas, con bufandas, gorros, guantes... Forrados como si fuesen cebollas...

Detrás de otros cristales, los de la televisión, tambien vemos a otras personas abrigados como pueden, alrededor de hogueras hechas encima del suelo nevado, de naves industriales abandonadas, creando un ambiente irrespirable por el humo, haciendo colas interminables para conseguir un plato de comida caliente, cadáveres de hombres, mujeres y niños que han perdido la vida intentando lograr el sueño europeo de mejorar su vida cruzando el Mediterráneo y que van sembrando de desesperación nuestras playas... Los cajeros en los que se refugian los sin techo, buscando algo de abrigo...

Lo vemos, nos da mucha pena, pero oye, que frío hace, voy a echar otro tronco a la chimenea o subir un grado la calefacción. Y hoy toca plato de cuchara contundente, legrumbres, o patatas guisadas, o un buen cocido, que la sopita caliente sienta muy bien con este frío...

Ni los gobiernos, ni nosotros, estamos sensibilizados ante este drama inhumano que está en nuestras puertas. Giramos la cabeza para no verlo, y no exigimos a los que nos gobiernan, que son los primeros responsables de esta sinrazón, que solucionen este tema.

Hace mucho frío en la calle, para los que viven permanentemente en ella, mucho más...



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