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Marta Prades

Despoblación

Mientras el Ejecutivo central nos trata de vender unas mejoras económicas que no todos percibimos y el Gobierno autonómico  decide si presenta o no los presupuestos para que se puedan poner en marcha proyectos e inversiones en Aragón; mientras nos amenaza con la no construcción del Hospital de Alcañiz, cual espada de Damocles sobre la salud de los bajoaragoneses; mientras tanto... cuando llegue el mes de febrero, 30 médicos especialistas -16 en Teruel y 14 en Alcañiz- harán sus maletas y dejarán sus puestos de trabajo en ambos hospitales.  El Consejero de Sanidad, el Sr. Celaya, se esfuerza por transmitir tranquilidad y por convencer sobre las bondades de un plan de incentivos que todavía no ha presentado y, sobre cuyo borrador, el colectivo de médicos eventuales ya anunciado que recurrirán.

La falta de profesionales para cubrir las plazas en en estos centros es un problema que requiere una solución urgente, pero la raíz del problema no debemos buscarla sólo en la gestión o mala gestión del ámbito sanitario.

Nuestra provincia tiene un grave problema y se llama despoblación. Todas las políticas que se han intentado llevar a cabo para paliar este goteo constante de ciudadanos que abandonan la provincia no han servido para impulsar cambios reales porque no se han realizado con una planificación previa, ni un proyecto a largo plazo. Se han tapado agujeros a base de subvenciones muchas veces repartidas con criterios claramente partidistas, pero no se ha contado con el territorio, con sus gentes, ni con el valor añadido que ambos pueden aportar aplicando medidas medioambientales, apostando por la cultura, el patrimonio, apoyando iniciativas productivas… Y, sobre todo, vertebrando, invirtiendo en redes físicas y virtuales, haciendo que las carreteras sirvan para unir y no para separar, que no poder acceder a la información no sea un impedimento para poder formarte, que un corte de luz no te deje aislado.

Durante años, gobiernos de todos los colores han hablado del mundo rural como si de un hijo pequeño se tratase, hablándole con cariño pero sin preocuparse mucho porque, al final, “el niño andará solo”.

Es fundamental dotar a los pequeños municipios de autonomía, de financiación, facilitarles y garantizarles el acceso a los servicios básicos, como la sanidad o la educación; aplicar una ley de dependencia con dotación suficiente y  efectiva que permita a nuestros mayores permanecer en sus pueblos; reinventar las comarcas como auténticas prestadoras de servicios, por ser la entidad pública más cercana al ciudadano; evitar duplicidades con otras administraciones y poner en marcha la Ley de desarrollo sostenible del mundo rural, existente desde 2007 pero que nadie ha dotado de presupuesto. Empecemos por ahí: saquémosla del cajón y pongámosla a trabajar para ese 80% del territorio, en algunas partes tan despoblado como Laponia.

 

 

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